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domingo, 22 de junio de 2025

Un encuentro tan espontáneo como ameno

Por Miguel Ángel Cid Cid

 

Las mesas y las sillas del comedor estaban completamente vacías. Salvo una, ocupada por José Benito, compañero de viaje. Un señor espigado, de sonrisa suave, hizo su entrada repentina. —Buenos días— dijo. La energía del saludo vislumbraba una conversación agradable e interesante.

 

— ¿El café será de origen dominicano? — preguntó.

Acto seguido se respondió a sí mismo:

— Debería ser porque es demasiado bueno.

 

…/…

José Benito Hurtado, profesor, viajaba conmigo desde Santiago de los Caballeros. Íbamos rumbo a la Casa San Pablo, Santo Domingo, llegamos pasada las 10:30 de la mañana. Nos tocaba participar en la investidura de la Universidad de la Tercera Edad (UTE), donde me correspondía graduarme de Licenciado en Comunicación Social.

 

La ceremonia de investidura concluyó. Por lo tanto, nos fuimos a almorzar al Barrio Chino, en la Zona Colonial. En el restaurante degustamos —además— cervezas chinas con mi sobrino, Luis Alberto y amigos capitaleños.

 

El registro en el Hostal San Francisco de Asís, en Gazcue, se realizó luego de la primera celebración. Una siesta y una ducha fueron suficientes para reponer energía. Así arribamos a la segunda etapa festiva que se prolongó pasada la medianoche.

 

Concluido el jolgorio de tragos, cigarros, bocaditos y conversaciones de todo tipo y tamaño regresamos al hostal. Tato, nombre cariñoso de José Benito y yo, nos apostamos en el balcón con respectivas copas para no quedarnos cojos.

Al día siguiente, domingo 27 de abril, tocaba regresar a la “Ciudad Corazón”. Pero antes estaba previsto bajar al comedor del hotel a tomar café y a desayunar.

 

…/…

Sorprendido por la pregunta — directa e indirecta a la vez— hice un paseo con la mirada por las mesas una por una. Sólo dos estaban ocupadas, la primera por Tato y yo, la segunda la ocupó el señor recién llegado. Por lo anterior, concluí que la pregunta estaba dirigida a nosotros.

 

José Benito, ni tan siquiera imaginaba quien era ese señor con el que hablábamos como si fuéramos conocidos de antaño. Yo menos.

 

Nos explayamos, no obstante, en una conversación entre la especulación consciente y datos comprobados sobre las propiedades del café. Así, imbuidos en el sabor agradable al paladar, el aroma traído al olfato por la brisa y el calor, los efectos digestivos… Todo era magia desmontada en la realidad mañanera.

 

La infusión protagonista del diálogo se agotó en las tres tazas de los comensales. El café cedió el paso al desayuno consistente en mangú de plátano, huevos fritos con la yema blandita, salami y queso, según el plato.

 

El compañero de conversación sacó de una fundita plástica que traía enredada entre los dedos la mitad de un aguacate. Sin decir palabras se lo sirvió en su plato.

 

Poco tiempo después comprendí que el medio aguacate es una tradición institucionalizada en su cultura alimentaria.

 

— Y para tomar, preguntó la China, encargada de la cocina.

 

Los tres —como si fuéramos los tres mosqueteros— pedimos otra taza de café. A seguidas, las tres tazas fueron rebosadas de bote en bote para acompañar el desayuno.

 

La conversación enamoraba —como un ser de carne y hueso, con alma sentimental— se resistía al abandono. Negada a quedar en el olvido. Pero Tato y yo debíamos regresar a Santiago.

 

Como el deber llamaba, nos aprestamos a volver a la habitación para recoger las maletas. De modo que tocaba despedirnos.

 

— Bueno don, le dije. Tenemos que marchar hacia Santiago. Pero si me dices su nombre sabré quién nos regaló una mañana tan agradable como el aroma del café. Tan deliciosa como el desayuno.

 

El señor dijo entre dientes:

—  Mi nombre es Manuel.

Pero parece que advirtió —antes que yo preguntara de nuevo— que no habíamos entendido ni pio. Por tanto, repitió:

— Bueno, mi nombre es en realidad Manuel Matos Moquete. 

— ¡El maestro Manuel Matos Moquete! — repetí sorprendido.

 

Entonces, me puse de pie, olvidé lo de llegar temprano a Santiago y me preparé para hacer los honores reglamentarios a un maestro de la lengua y el estudio de la cultura del habla del español y la literatura. Se inició, en consecuencia, una nueva conversación.

 

El maestro nos invitó —a Tato y a mí— para la presentación de su libro: “Plinio, los años terribles”.

 

Sí, claro que asistí a la Biblioteca Pedro Mir, Auditórium Manuel del Cabral e invité a varios amigos. Tengo el libro en mi poder, en proceso de lectura.

 

Ya en el viaje de regreso, a mitad de camino, después de cruzar por la entrada de Piedra Blanca le dije a Tato:

 

— Tato, no se para ti, pero para mí, con este encuentro con Manuel Matos Moquete el viaje se pagó doble.

 

El diálogo, desde el 27 de abril pasado, sigue vivo por vías diferentes. Y seguirá…

   

 

domingo, 8 de junio de 2025

El estudio, la sostenibilidad del líder

Por Miguel Ángel Cid Cid

 

Encontrar respuestas satisfactorias a las dudas surgidas en los integrantes de una organización política o social sobre las variantes de las luchas internas. También de las externas. Ésa es la esencia del líder. De ahí la importancia del estudio.

 

En los artículos de las tres semanas anteriores quedó clarito que los líderes no nacen, se construyen. Un guía desarrolla y perfecciona un conjunto de habilidades que bien pueden ser aprendidas por otras personas.

 

La comunicación, el trabajo y el estudio sistemático entre las principales. En esta entrega se aborda la tercera: estudiar.

 

Pero qué estudiar

 

A los líderes los persigue un ángel, tienen una chispa que genera inspiración y motivación al equipo que lo rodea. Para que esa chispa arda siempre hay que soplarla con aire de conocimientos frescos, actualizados.

 

Las respuestas veraces frente a las dudas surgidas sobre las luchas emprendidas generan un clima de confianza en el equipo de trabajo. La seguridad en el conocimiento los lleva a lograr resultados excepcionales.

 

Se desprende de lo anterior que, un líder debería tener conocimientos generales sobre temas diferentes de la vida local y nacional. Dígase, sobre la política, la economía, los sistemas de gobiernos, las corrientes políticas vigentes en los demás partidos del país, entre otros.

 

Sumados a los conocimientos generales están la razón y origen de las diferentes organizaciones presentes en las comunidades. ¿Por qué luchan?, ¿cuáles son los métodos que emplean en su trabajo?

 

En caso de liderar una asociación campesina, deberían hacer una relación de lo que produce la comunidad con la economía del país. Inventariar cuánto se produce y cuál es el aporte al fisco.

 

A los sindicalistas, en cambio, les corresponde saber —si son transportistas— la cantidad de vehículos públicos y privados existentes. Los pasajeros que acarrean diario, la cantidad y calidad de los asientos en servicios, entre otros.

Si es un líder de la Asociación de Profesores (ADP), por el contrario, le toca manejar datos sobre la cantidad de profesores. Tener una relación entre los docentes del sector público y los privados. Las diferencias salariales, nivel de formación, calidad del sistema. Cuáles países son referencia en el área...

 

En los escenarios señalados hay que ver los tipos de organización, las vinculaciones políticas de una y otra y la relación entre ellas. Como se vinculan con el gobierno de turno. O sea, si es un partido político, un sindicato, un gremio profesional. Si es un grupo religioso: ¿a cuál denominación corresponde?

 

El estudio se constituye en garantía para mantener un ritmo de trabajo eficiente. Reitero, el conocimiento creativo facilita una dinámica ágil en la resolución de los conflictos surgidos.

 

Y para ser árbitro en la solución de los conflictos se requiere saber cuándo y cómo hacer una crítica a uno o a varios de los seguidores. Prever las reacciones probables frente a la crítica. ¿Contribuye al crecimiento de la persona y del equipo?

 

El líder debería estar capacitado para convertir los errores en nuevas oportunidades promotoras del aprendizaje colectivo. Para conseguir esto es necesario escuchar a los demás antes de ponerse a hablar. Hablar sin sentido perjudica.

 

El líder, en consecuencia, debe cultivar —según los sicólogos— “La inteligencia emocional”. O mejor, la capacidad de controlar y expresar las emociones. Saber manejar las relaciones entre las personas que lo siguen.

 

Porque ser líder no es andar imponiendo sus deseos a los demás, sino que es inspirar y guiar al grupo por el camino correcto. De ahí se desprende la empatía con los compañeros de equipo e incluso con los no compañeros.

 

Para qué sirve estudiar

 

Aprender sirve para dominar las técnicas de liderazgo. Garantiza entender que, la diferencia entre líder y seguidor se reduce al rol que le corresponde a cada uno. Para dirigir sin desasosiego.

 

Estudiar ayuda a que nunca se olviden los sentimientos de los demás, a prever el impacto de tus palabras sobre los seguidores. Contribuye a ver perspectivas diferentes sobre una situación.

 

Estudiar, sobre todo, ayuda a que la reacción frente a los conflictos se transforme en opiniones que faciliten solucionarlos sin traumas mayores.

 

Cuanto más estudie el líder, más abarcador será el universo de sus aportes.  La visión global será cada vez más aterrizada en los propósitos del grupo.

 

Pero si el trabajo es la fragua para templar el líder, el estudio es, entonces, lo que consolida el rol trascendental del guía. Garantiza que otros se transformen en líderes. Para crear una red interminable de líderes.

 

En suma, a los integrantes de una organización les atañe dominar datos estadísticos del sector que dirigen. Pero lo esencial de los líderes es cultivar el conocimiento analítico, cuanto más, mejor. Y el conocimiento sólo se obtiene con el estudio.

 

Sirve para criticarse y así construirse cada día como un líder nuevo.

 

 

lunes, 14 de abril de 2025

Sin líderes, ¿romperá el PRM el fucú?

Por Miguel Ángel Cid Cid

 

Frente al desvelo por conquistar un nuevo periodo de gobierno, la comunicación con los electores se complica. Los líderes en el poder se acostumbran a las alabanzas. Les da miedo escudriñar las razones del cariño repentino, miedo a la verdad.

 

El Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) consiguió tres periodos de gobierno en dos ocasiones. El primero se extendió de 1966 a 1978, en tanto que la segunda vez fue desde 1986 a 1996.

 

El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) fracasó en su primer intento. Tuvieron que conformarse con un sólo periodo (1996-2000). Pero luego regresaron para implantar una nueva marca, se reeligieron cuatro veces consecutivas, desde 2004 hasta el 2020.

 

El Partido Revolucionario Moderno (PRM) cuando lucía el flu perredeísta logró —de pura chepita— dos periodos de gobierno, comprendidos entre 1978 a 1986. El máximo líder de entonces lo pronosticó, “sólo el PRD vence al PRD”. Ni más ni menos, las riñas internas guiaron el camino de la derrota.

 

Actualmente, con una identidad moderna, el PRM lleva un buen average. El estreno de atuendo convirtió a los perremeistas en partido victorioso en dos ocasiones. Ahora se aprestan a conquistar su tercer cuatrienio en el gobierno.

 

Una campaña, una estrategia

 

No se vale repetir. Es improcedente acudir a una competencia electoral apoyado en la estrategia usada en las elecciones anteriores.

 

Por lo anterior, tanto el PRSC como el PLD sorprendían en cada campaña electoral con sus estrategias de comunicación e imagen política. Ajustaban el marketing a la coyuntura electoral.

 

El PRM, por el contrario, es la excepción a la regla. O sea, se repostuló en el 2024 con una estrategia repetida. Continuó con la perorata del cambio, aunque le hizo una ligera modificación: “El cambio sigue”, decía.

 

Para las elecciones venideras el partido oficialista está llamado a trabajar en un diseño que sorprenda para poder romper el fucú. Si siguen enamorados del cambio le será difícil continuar en el gobierno en un tercer periodo consecutivo.

 

El Partido Revolucionario Dominicano (PRD) se esfumó sin lograr gobernar durante tres periodos. Y eso que, ellos contaron con un rango electoral superior al 40% durante medio siglo. Pero eso no le bastó para romper con el maleficio.

    

El PRD se cambió de ropa, ahora se viste como PRM, pero la maldición sigue latente. Es probable que la abundancia de modernidad les impida divisar formas novedosas de hacer campaña electoral.

 

¿O, será que están atrapados en la espesa lisonja del Poder?

 

Si la respuesta es positiva, entonces no hay remedio, seguirán atentos a la chepa. Porque cuando un ser mortal se enamora de los piropos alabarderos termina creyéndose inmortal. Y lo peor del idilio es que caen en la cuenta cuando el Poder los abandona. Cuando la cárcel o el sepulcro los asechan.

 

Años atrás, un exdirigente peledeista me dijo: “Los partidos políticos no se revisan cuando están en el Poder”. Craso error. Porque sólo la revisión hace posible desentrañar las razones reales de tantas expresiones de cariño hacia los que ostentan poder.

 

Frente a la realidad señalada, el PRM debería estar sumergido en una evaluación antes de entrar en la contienda electoral del 2028. Como el mandatario actual tiene impedido reelegirse, el examen podría orientarse hacia la búsqueda del candidato ideal.

 

Pero, en el partido son abundantes los presidenciables y escasos los líderes con una narrativa confiable.

 

Por tanto, es urgente dejar los aduladores a un lado para pensar en el perfil del candidato para el 2028. Entonces, vistas las debilidades, se estila el diseño de una estrategia de imagen acompañada de otra sobre marketing electoral.

 

La única ventaja del partido gobernante para continuar subido en el palo radica en la debilidad de la oposición. Pero, en esa ventaja también vive la trampa agazapada.

 

En suma, si el PRM continua borracho de poder, se le hará cuesta abajo conseguir el deseado tercer periodo de gobierno. Le será imposible vencer el fucú.

 

domingo, 16 de marzo de 2025

San y padres de familia, modos de vida

Por Miguel Ángel Cid Cid

 

Los negocios informales son la norma en la economía dominicana. Las arterias comerciales de las ciudades están repletas de vendedores ambulantes. El fenómeno resalta porque la mayoría están negados a tributar al Estado. Son padres de familia.

 

Usted que está leyendo esto dirá —con razón— que son escasos los países que escapan a las ventas informales en plena calle. En el mejor de los casos se ubican en las plazas públicas. Cierto.

 

Pero igual de cierto es que, pocos países —o en ninguno— los comerciantes ambulantes se autonombran padres de familia. Padres de familia evasores de impuestos y arbitrios municipales.

 

La gama de productos vendidos es infinita. No obstante, entre los más tradicionales están: café, té, chocolate, pastelitos, empanadas, pan sobao y de agua.

 

Pero el san era una institución familiar.

 

Café, té y chocolate

 

Los viajantes, representantes de ventas de diferentes empresas, salen de sus casas por la madrugada hacia un pueblo diferente cada día. Al divisar el puesto de venta de café, té y chocolate encuentran la salvación.

 

La inversión iniciar de estos negocios es limitada, reducida a comprar insumos tan básicos que se consiguen en una pulpería. El equipamiento consiste en una mesita, una silla, un colador, un anafe a gas, preferiblemente y un delantal.

 

Luego viene la compra diaria o semanal, si el presupuesto alcanza. Se compra café, hojas secas y especias, chocolate en tabletas, azúcar y vasos desechables.

 

En el Cruce de Guayacanes —entradas a Mao, la Isabela o hacia Laguna Salada— una señora tiene su puesto desde hace más de 40 años. Ella, además de café, té de jengibre y chocolate de agua, ofrece pan sobao.

 

En Fantino, provincia Sánchez Ramírez, corría la segunda mitad del año 2010, dos amigos me acompañaban a Cotuí. Paramos en el parque del municipio a comprar café. Una mujer tenía un puesto en la parte frontal.

 

Los tres compramos café, chocolate y pan de agua. Resultó curioso que la señora tenía una alcancía de bambú con un letrero en cartulina. El anuncio decía: “Colabore con la graduación mía y la de mi hija”.

 

Las dos, madre e hija estudiaron para profesoras, por tanto, obtuvieron títulos de licenciadas en educación. Y la universidad se pagó con la venta de café.

 

En Neyba, provincia Bahoruco, en una esquina del parque hay una doña vendiendo café. Oferta, además, galletas de soda, saladas y pan. Igual le venden cigarrillos y mentas a los que fuman. Pero si usted necesita recargar su teléfono ella tiene una concepción secreta.

 

Pastelitos, empanadas y pan

 

No solo de café, té y chocolate vive la gente, sino de alguna harinita aceitosa y caliente o mejor, un pan recién sacado del horno. El gusto dirá.

 

Preparar empanadas de harina rellenas de huevo, queso, jamón u otros ingredientes es común en el Distrito Nacional. En las zonas de oficinas o tiendas abunda este tipo de negocio.

 

La venta de pastelitos, como también llaman a este tipo de empanadas, suele ser más rentable que las chiripas anteriores. Comienzan en la calle y poco tiempo después rentan un local pequeño cerca del lugar.

 

En Santiago de los Caballeros la tradición de empanadas se basa en una pasta de yuca guayada rellenas de queso, jamón, huele carne de res molida y de pollo.

 

En Cotuí, vender pan es tradicional. Los panaderos despliegan las carretas entre la iglesia católica y el parque. Muy de mañana, de 6:00 o 6:30; los clientes llegan en busca de pan caliente y chocolate en agua o en leche.

 

El san para ahorrar

 

Es probable que las familias formadas en lo que va del siglo XXI desconozcan el san como sistema de ahorro. Pero antes imposible que una familia no llevara un san periódicamente.

 

El san como método de ahorro básico se implementa con consistencia en las comunidades pobres. Se una práctica consuetudinaria tanto en zonas rurales como urbanas. Sin descartar las familias de clase media.

 

Sin importar la invasión de ofertas infinitas de modalidades de ahorro por la televisión, la radio y las redes sociales. El san sobrevive.

 

El san es una especie de caja de ahorro informal. En la mayoría de casos el método lo implementaban las mujeres de credibilidad probada en la comunidad. Administrar dinero de otros no es cuestión de carita bonita.

 

Los intereses cobrados la dueña del san los camuflaba de tal manera que la carga fuera beneficiosa para todos. El propósito era ofrecer un lugar seguro donde ahorrar. Eso tiene precio.

 

Para abrir un san implicaba reunir un grupo de ahorrantes dispuestos a pagar cuotas semanal o mensual. Luego se organizaron sanes de cotización diaria. Cierto es que, el grupo de participantes debía estar completo antes de empezar a cotizar.

 

El ahorrante, por ejemplo, paga once cuotas y recibe el equivalente a diez. Cada uno tiene asignado un número del uno al diez. En un san de mil pesos semanal los miembros pagarán cien pesos durante once semanas. No importa que pague cien pesos, uno de ellos —según el número que le toque— recibirá mil pesos.

 

Cada semana un miembro diferente al anterior cobrará mil pesos hasta completar la lista. La propietaria, por lo regular, cobra la primera cuota, aunque hay casos que opta por la última cotización. Si uno de los ahorrantes dejara de pagar se atrasa el san.

 

Se desprende, por derivación que, los ahorrantes deben ser tan responsables como la dueña del san. Los miembros restantes esperan recibir su ahorro cuando les corresponda.

 

“Solarsan”, programa inmobiliario promovido para facilitar la compra de solares, es una muestra del arraigo del método del san en la economía del pobre. 

 

domingo, 19 de enero de 2025

El ventorrillo, el menudeo que desapareció

Por Miguel Ángel Cid Cid

 

Mientras agonizaba el año 2024, en diciembre, publiqué tres artículos sobre lo que Hipólito Mejía Domínguez, expresidente, llamó microeconomía y “macoeconomía”. Resaltaban la desaparición de un tipo de negocio y el nacimiento de otro. Pulpería y colmadón.

 

Las publicaciones señaladas son: primero “La pulpería, ¿qué vendrá después del colmadón?”, día 7; segundo, “El “colmadón, un ring donde todo se vale”, sábado 14; y el 21 salió el tercero, “El delivery, azote del barrio y del colmadón”.

 

Ahora le toca el turno a “El ventorrillo, el menudeo que desapareció”. El propósito consiste en recordar qué tipo de negocio se encargó —en épocas pasadas— de suplir los productos básicos a las familias más pobres del país.

 

El ventorrillo

 

El ventorrillo fue un establecimiento comercial tan particular que su estructura reflejaba la situación de calamidad de la mayoría de comunidades dominicanas. Por lo regular funcionaba en un rincón de una casa familiar. Siempre con vista a la calle.

 

Los productos que se vendían en el ventorrillo nunca alcanzaban para suplir la demanda de una docena de clientes, si los hubiere. Pero era imposible que diez o doce personas fueran el mismo día a comprar, por ejemplo, yautía.

 

Coherente con lo anterior, nadie podía ir a un ventorrillo a comprar veinte plátanos, seis libras de yautías amarillas y blancas; además, ocho libras de ñame y de yuca. Ir a comprar una auyama entera, ni en sueño. Para una compra tan grande había que irse directo al mercado del pueblo.

 

¿Cuáles productos vendían?

 

La gama de productos era limitada. Pero incluía la mayoría de rubros fundamentales para la preparación de algunos platos. Además, se podía completar los ingredientes para un buen sancocho o una sopa.

 

Entre otros, se adquiría recaito verde, cilantro ancho o sabanero, orégano verde, en su rama, que no se conocía el orégano molido. Por igual, variedades de ajíes, sobre todo los ajíes gustosos, cebollín y ajo en sartas. La naranja agria y el limón agrio.

Los víveres que podían comprarse en el ventorrillo: la yautía amarilla, la blanca y el ñame. También plátanos, guineos verdes, rulos, yuca, tayota, auyama y batata azada y cruda.

 

En ocasiones se vendía arroz de pilón —había que pilarlo para quitarle la cáscara— porque venía tal como sale del arrozal. El maní en su vaina y el maní tostado era común encontrarlo.

 

La harina de maíz gruesa —ahora grano de oro— empleada en la preparación del chenchén se conseguía en ocasiones. Y para acompañar asopaos, chicharrón u otras delicias usted podía llevarse un pedazo —no una torta— de casabe.

 

Los dulces caseros, por el contrario, eran frecuentes. Los había envasados en frascos de cristal de diferentes tamaños. Pero los más económicos eran los que venían en frascos de compota. También dulces de coco, de piña con coco y leche con coco. Estos se vendían en trozos, con un corte en cuarenta y cinco.

 

El dulce de guayaba que venía separado por una lámina de plástico era un clásico. Los muchachos solían adobar un bombón (coconete) con este dulce.

 

Cuando los vecinos debían preparar un remedio visitaban el ventorrillo. Ahí conseguían aceite de higuera, aceite de coco, cebo’e flande y manteca de cacao. Además, coco seco, miel de abeja, melaza y manteca de cerdo.

 

Las hierbas medicinales se compraban en el ventorrillo. Por ejemplo: Orégano Poleo, raíces de anamú, hojas de limoncillo, nuez moscada, jengibre… Se vendía berrón, agua bendita, trementina, tabaco de andullo y cigarros rústicos.

 

El zapote, el mamey, la guanábana, el mamón y el noni eran frutos escasos. Pero los mangos, naranja de jugo y las mandarinas abundaban.

 

Los productos señalados era imposible adquirirlos en cantidades importantes. Al mayoreo, nunca. Tampoco se despachaban en pulperías o colmados.

 

Porque los colmados y pulperías comenzaron a surtirse de rubros agrícolas menores en la década de los 80 del siglo XX. Antes, sólo podía comprarse en los ventorrillos y en cantidades limitadas. Para obtener una cantidad importante había que ir al mercado público del pueblo.

 

Los productos vendidos en el ventorrillo los producía la familia propietaria del negocio en el patio de su casa. O en su defecto, en algún conuco pequeño, cercano al hogar.

 

Curiosidades

Las prácticas comerciales del ventorrillo es imposible entenderlas a la luz de la modernidad. Qué locura es esa de negarse a vender la existencia de una mercancía a un solo cliente.

 

Acontece que, el ventorrillo se surtía con la mercancía estricta para su clientela. Clientela que era casi una familia. Su objetivo era brindar un servicio primario a sus vecinos, nunca generar riquezas.

 

En mi memoria todavía vive intacto el ventorrillo de Don Orlando, ubicado en la entrada del Callejón de los Borbones —Suelo Duro—, Bella Vista, Santiago. Que además era una sastrería.

 

El ventorrillo de Áura, calle Máximo Gómez, casi esquina Pedro Manuel Hungría, La Joya, Santiago. Este ventorrillo es parte de las reminiscencias de mi niñez.

 

Característico de una época de calamidad, el ventorrillo era un negocio primario. Una venta propia del menudeo extremo. Pero a pesar de ello sacaba de apuros a muchas familias.

 

 

domingo, 1 de diciembre de 2024

Antonio Keka revivió el son santiaguero

Por Miguel Ángel Cid Cid

 

En Santiago de los Caballeros los domingos son del Son de Keka. Los santiagueros salen de sus hogares, de sus comunidades rumbo al barrio Los Pepines. El peregrinaje se repite un domingo si y el otro también.

 

El desfile comienza en las diferentes ciudades del país, igual que del extranjero. El equipo organizador —junto a los bailadores— llevan la alegría a las cárceles y complacen invitaciones de otras agrupaciones culturales. Todos marchan poseídos por el espíritu de Antonio Keka.  

 

Los políticos —durante las campañas electorales— hacen filas para exhibirse en la tarima del Son de Keka. La multitud los incita a expresar su apoyo ferviente a la actividad cultural. Participan con devoción, igual como hacen oraciones en la iglesia.

 

Los asistentes se acomodan a ambos lados de la Calle Cuba, de la Vicente Estrella cruzando la Archille Michel hasta la Dr. Eldor. Centenares de sillas son desplegadas a lo largo de las referidas calles. A su pesar, decenas de asiduos les toca quedarse parados.

 

El fenómeno influye en la economía del barrio. Más de una veintena de negocios, fijos y ambulantes, facturan su mejor venta los domingos de son.

 

Las parejas bailadoras desfilan a ritmo de son por el centro de la calle. Van de uno al otro extremo. Visten zapatos de dos tonos, combinados con el resto del atavío.

 

El vestuario luce colores positivos —amarillo, rojo, azul, verde y blanco— pocas veces convergen tres colores en el atuendo. Por ejemplo: chaqueta y pantalón verdes, camisa y sombrero blancos; los zapatos negro y blanco.

 

Los sombreros de paja o de fieltro, adornados con una pluma en el lado derecho dan el toque distintivo. Al final, tanto los hombres como las mujeres sacan a bailar a los visitantes.

 

En principio, el Son era una actividad personal realizada por Antonio Keka con sus amigos y colegas zapateros. Se juntaban en el frente de su casa a jugar dominó y a escuchar música de son. Carecía de objetivos organizativos o pecuniarios.

 

El Son de Keka —como se le conoce hoy— surge de la acción espontánea de los sucesores de Antonio Keka. Motivados porque al morir Keka sus amigos querían continuar la tradición dominical. Al grupo se sumaron otros. Y así, “dos que le meto, dos que le saco” se masificó. Ahí radica su importancia como fenómeno sociocultural.

 

El son, ritmo y música caribeños

 

El son viene de la fusión de ritmos afroamericanos y caribeños. Es una expresión musical compartida esencialmente entre República Dominicana y Cuba. ¿Dónde nació?  Es una incógnita.

 

Santiago es la cuna. Pero en cuál Santiago. Se dice que el son nació en Santiago de los Caballeros y que Santiago de Cuba bebió de la fuente cibaeña.

 

Cuentan, por el contrario, que al abolir la esclavitud en 1886 los esclavos liberados se mudaron a los "solares", barrios de clase baja en La Habana. Trabajadores de otros pueblos llegaron buscando mejorías. Trajeron con ellos sus tradiciones de rumba afrocubana, y con sus rumbitas y montunos.

 

La Habana, siguiendo lo anterior, fue la sede del primer encuentro de la rumba rural y la rumba urbana. Convergieron aquí los Guaracheros y rumberos con el tiple y el güiro, otros rumberos cantaban y bailaban acompañados por el cajón y la clave cubana.

 

La afinidad generó la fusión de los estilos musicales en un nuevo género llamado son. El ritmo de clave de la rumba ya en 1910 había sido adoptado por el son.

 

El Cuarteto Oriental agregó dos nuevos instrumentos en 1920 y pasó a llamarse Sexteto Habanero. El sexteto se convirtió en la estructura clásica del conjunto de son. Los instrumentos —en lo adelante— son: guitarra, tres, bongos, claves, maracas y contrabajo.

 

Un son en cada esquina

 

En Santiago, además del Son de Keka se realizan cinco más en igual número de comunidades. Sin hablar del museo del son.

 

El Son de Kiwa es el de más reciente creación. Se celebra los sábados al caer la tarde en las comunidades de La Joya y Baracoa, en la Avenida Hermanas Miraval, próximo a la iglesia San José.

 

Fausto Kiwa Domínguez, arquitecto, profesor universitario y folklorista, gestiona además la apertura del Museo del Son ubicado en Baracoa.

 

El Son de los Borbones tiene su lugar de celebración en la localidad de la Barranquita, próximo a la Universidad Autónoma, Recinto Santiago (UASD-CURSA). Se caracteriza porque se realiza en un escenario cerrado, bajo techo.  Los demás son en la calle.

 

El Son de Los Ciruelitos igual que el de El Ejido, como indican sus nombres, se realizan en los barrios Los Ciruelitos y El Ejido respectivamente.

 

En suma, el son es indetenible. Hasta los ecos desenfrenados de innovación, capaces de desfigurar la composición social, las tradiciones y costumbres de los pueblos se quedaron cortos.

 

El Son de Keka, a su pesar, se expande y multiplica al ritmo de la melodía del viento cuando sopla la correntia del Yaque Dormilón. Su trinar llega hasta las costas que bordean la isla.