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jueves, 26 de junio de 2025

Es hora de aprobar el Código Penal

Por Eduardo Sanz Lovaton

 

En pleno siglo XXI, la República Dominicana sigue aplicando un Código Penal promulgado en el siglo XIX. Con más de 140 años de vigencia, esta norma, concebida en otra época, ya no responde a la complejidad de los delitos actuales ni a las expectativas de justicia de la sociedad dominicana. Reformarlo no es una opción ideológica ni un debate estéril: es una necesidad urgente. Esto es sencillamente una barbaridad.

 

La guerra de intereses sociales, filosóficos y religiosos han evitado que se pueda finalmente consensuar una aprobación sobre este tema. Algo parecido presenciamos con la Ley de comercio exterior o aduanas que esperó décadas y que finalmente se logró.

 

Conozco de primera mano el liderazgo de Alfredo Pacheco y Ricardo de los Santos en nuestras cámaras legislativas. He visto sus esfuerzos por consensuar de la mano del presidente Luis Abinader. Ahora bien, en una sociedad democrática es necesario el ánimo social o consenso para que una legislación de esta envergadura no solo sea aprobada, sino que sea exitosa en su aplicación. Esa es la labor que todas las fuerzas vivas de nuestra sociedad, que deben cohesionarse en procura de lograr este hito histórico, como parte del proceso de reforma y modernización del Estado.

 

La ciudadanía ha sido testigo de cómo crímenes graves reciben sanciones mínimas o quedan impunes por falta de tipificación o por tecnicismos legales. Conductas como el feminicidio, el sicariato, el acoso escolar, los delitos cibernéticos o las estafas piramidales —que hoy amenazan gravemente la seguridad y la dignidad de las personas— no están adecuadamente contempladas en el viejo código. No podemos permitir que la ley se quede muda ante las formas modernas del crimen.

 

Aprobar un nuevo Código Penal representa una oportunidad histórica para fortalecer la seguridad ciudadana, mejorar la eficiencia judicial, y consolidar el Estado de derecho. Dotar a fiscales y jueces de herramientas legales claras y modernas es esencial para combatir la impunidad, proteger a los más vulnerables y restablecer la confianza en el sistema de justicia.

 

No obstante, debemos entender que una nueva ley, por sí sola, no resolverá todos los problemas. Su impacto dependerá de su aplicación estricta, eficiente y efectiva por parte de todos los operadores del sistema: jueces, fiscales, defensores públicos, policías y servidores judiciales. Una ley moderna sin voluntad institucional y sin recursos para ejecutarla sería como construir una carretera sin vehículos.

 

Ahora bien, si aspiramos a una reforma integral, no podemos dejar vacíos estratégicos, y un gran espacio de vacío, es la responsabilidad social de las empresas, en perspectiva con sus relaciones con la administración, y sobre todo, con el deber de contribución con las cargas públicas y el combate efectivo a la competencia desleal, en sus diversas manifestaciones; y las desviaciones que se producen en los comportamientos empresariales, incluso con elementos que afectan de manera grave ciertos intereses públicos, esto debe abrir un espacio para profundizar la discusión de lograr sanciones penales severas para ciertos comportamientos en materia de competencia desleal, radicalización de las penas en materia tributaria y aduanera, flexibilización probatoria en el ámbito de estos delitos económicos, y que, la eliminación de estos vacíos estratégicos, venga de la mano de una nueva cultura de moralidad fiscal, en el que se potencie el cumplimiento, y se castigue de manera mas drástica las desviaciones que ocurren en el seno de nuestras empresas.

 

A pesar de que, nuestra normativa tributaria y aduanera, se ha especializado, y contempla muchos ilícitos modernos, este proyecto de Código Penal, podría contribuir a dar mayor coherencia al sistema de justicia penal, para enviar un mensaje más contundente al crimen organizado que se disfraza de comercio, la responsabilidad societaria de las empresas, y a criminalizar algunas aristas de la competencia desleal, que por el transcurso del tiempo, ha de robustecerse la legislación, con la finalidad de fomentar mejores practicas comerciales

 

Como dice la Escritura en Isaías 1:17a:

 

“Aprendan a hacer el bien; busquen la justicia, reprendan al opresor.”

 

Como partido, el PRM tiene la oportunidad histórica de casarse con la gloria y dar respuesta a un clamor ciudadano que lleva años esperando: la aprobación del nuevo Código Penal. Esta es una deuda con la sociedad dominicana que no podemos seguir posponiendo. Desde mi posición como secretario de finanzas del partido, asumiré el compromiso de ayudar con esta reforma junto a nuestros compañeros legisladores, con el propósito de fortalecer el Estado de derecho y la justicia en nuestro país. Esto lo hemos hecho en iniciativas como las nuevas leyes de aduanas, de centros logísticos entre muchas otras. Conozco el compromiso de Luis Abinader con esta causa y sé que las controversias no son pocas y que el tema no es simple. Es hora de actuar con visión de Estado y responsabilidad institucional.

 

domingo, 6 de abril de 2025

Redes sociales, fake news y la política

POR EDUARDO SANZ LOVATON

 

Vivimos en una época donde dirigir y administrar el Estado es como escalar la cima del monte Everest en ropa de verano. Cualquier ciudadano o ciudadana, con el uso de su teléfono inteligente tiene acceso al mundo donde la foto de perfil, muchas veces, disfraza la foto de la realidad. Donde las monedas de cambio son los likes, los views, las interacciones o la cantidad de seguidores. Donde las opiniones no se leen ni se analizan sino que se expresan mediante un emoji.

 

Esta realidad que se expresa de manera instantánea, ha transformado la dinámica política y la forma de gobernar. La misma contiene sus propios códigos de adhesión social. En esta nueva era digital, cualquiera compara su realidad, sus sufrimientos, sus circunstancias, con las mentiras más opulentas, con la más falsa belleza. En fin, en el mundo de las redes, la mentira como industria al vestirse de falsa realidad, hace gobernar cada vez más difícil.

 

La razón es que no se gobierna en fantasía. No se puede mentir con impunidad en la tarea de liderear o por lo menos no se puede hacer por mucho tiempo. Y como la verdad no siempre es simpática, ni evidente y mucho menos popular, quien dirige tiene que hacer frente a la inmediatez de la dictadura de unas redes que monetizan su contenido muchas veces por su surrealismo, en el mejor de los casos, y en los peores, por la pura y simple inexactitud deliberada.

 

Como si esto fuera poco, los mecanismos de la nueva modernidad no solo obstruyen las realidades triviales sino también las esenciales. A la sombra del nuevo “savoir faire” (saber hacer), pueden surgir las figuras políticas de ocasión. Los populismos más repentinos. Las campañas más huecas. Se puede dejar de ser para parecer. En vez de propuestas claras de cómo enfrentar problemas sociales, comenzamos a recibir recetas del nuevo mercadeo. En vez de economías, hablamos de marcas de tennis. En vez de pobreza, hablamos de razas. En vez de eficiencias, hablamos de moda. En vez de trayectoria hablamos de gordura. En vez de fondo, hablamos de forma. Y todo esto importa, pues dirigir sociedades desde que la humanidad salió de la caverna, es una actividad compleja, alérgica a la rapidez.

 

Los dominicanos no estamos exentos de todo esto. Estos 4 y tantos años que he estado al frente de una institución pública, he sufrido en carne propia estas manifestaciones del fake news a través de las redes sociales, o simplemente de la mala fe. ¿Qué podemos hacer? La tecnología no se puede devolver ni tampoco debemos asumirla como negativa. Estos fenómenos ya los hemos visto. Sea Martín Lutero al albergo de la imprenta. Sea la ilustración al amparo del enciclopedismo. Sean las corrientes socialistas luego de la revolución industrial. Sean los negocios luego del advenimiento de los software, sea el ambiente de conflictos luego de la bomba atómica. Sea las candidaturas políticas luego de la televisión y el debate Kennedy-Nixon. En cada uno de esos casos los cambios tecnológicos traen cambios sociales, religiosos, políticos, empresariales. La mayoría positivos. Hemos cambiado el oligopolio de los medios por la libertad individual, y con ello hemos eliminado la posibilidad de censura para llegar a un ambiente de libertinaje. Somos más libres y también estamos más expuestos. Es más fácil ser gobernando y más difícil gobernar. El balance debe ser en poder extraer de esa libertad creatividad, emprendimiento y cultura, sin caer en el abuso y la destrucción.

 

Cada vez que las plataformas digitales se convierten en herramientas de manipulación capaces de influir en la opinión pública y polarizar la sociedad mediante descrédito, desinformación y generación de percepciones erróneas sobre líderes, partidos políticos o decisiones gubernamentales, afectan no solamente la confianza en las instituciones, sino que obligan a los gobiernos a destinar esfuerzos para desmentir falsedades, en lugar de permitir enfocarse en la gestión pública con toda la responsabilidad que implica. Este es un desafío clave para la democracia y el compromiso con la verdad desde cualquier escenario.

 

Cierto es que ninguna sociedad anárquica ha concluido jamás en un resultado diferente al gobierno del más fuerte sobre el más débil. Las muchas leyes esclavizan y la ausencia de las leyes logran lo mismo. RD debe ponderar esto e innovar. Nosotros como partido de gobierno debemos poder mejorar lo malo sin perder lo bueno. Tenemos que saber elegir fondo sobre forma. Verdad sobre mentira y más que nada debemos poder respetar y transmitir paz sin resentimientos.