Con la anexión a España, firmada el 18 de marzo de 1861, Santo Domingo pasó a ser una dependencia española, como lo eran Cuba y Puerto Rico.
Por Roberto Valenzuela
Hace 163 años, en la Guerra de la
Restauración —que conmemoramos este 16 de agosto de 2026—, hasta la valentía
tenía una forma de medirse. Quien se
apartaba del combate podía recibir un apodo o sobrenombre que un dominicano
prefería la muerte antes de que lo llamaran así.
Pues, los combatientes dominicanos de la
Guerra de la Restauración eran voluntarios que abandonaban sus conucos y a sus
familias para luchar por la República. Cuando marchaban hacia las batallas, los
jefes los estimulaban así: «Ni un paso atrás, a morir por la Patria». Enseguida
sentenciaban: «Y eso sí, el que sea prieto que hable claro». Era como una
especie de ritual, según explicó el historiador Bernardo Vega durante una
exposición en la Academia Dominicana de la Historia.
Otros investigadores indican que la
expresión era: «El que sea pata prieta, que hable claro», y que se referían al
cobarde, al traidor (vendepatria) e indigno de defender el honor de su nación.
En algunas crónicas históricas se utilizan
los términos «prieto» y «pata prieta» para referirse al dominicano que no
quería combatir, desertaba del combate o colaboraba con los anexionistas, como
Pedro Santana, o con los militares españoles.
Pero sí quedó claro que los dominicanos
entraban en combate con un feroz grito: «¡Viva la República!». El grito de
guerra de los españoles era: «¡Viva la Reina!». Es decir, la reina era la
inspiración de la soldadesca española. Los dominicanos, en cambio, trataban de
restablecer la República, que había sido convertida en una colonia de España
bajo el reinado de Isabel II.
Al ser España una potencia militar, sus
tropas estaban bien armadas, con uniformes, zapatos, gorras y corbatas.
Superaban en armas, número y logística a las dominicanas, asoladas por la
pobreza.
Los restauradores luchaban descalzos, sin
camisa, y su arma más común era el machete; algunos llevaban lanzas y viejos
rifles. Montaban a caballo al pelo, a diferencia de la caballería española, que
utilizaba silla de montar y todos los ajuares para la guerra.
El fallecido director del Archivo General
de la Nación (AGN), Emilio Rodríguez Demorizi, recopiló la descripción que hizo
Pedro Francisco Bonó del cantón de Bermejo, en Monte Plata, establecido por
Gregorio Luperón, donde venció al caudillo anexionista Pedro Santana.
«No había casi nadie vestido. Harapos eran
los vestidos; el tambor de la Comandancia estaba con una camisa de mujer por
toda vestimenta. Daba gusto verlo redoblar con su túnica. El corneta estaba
desnudo de la cintura para arriba. Todos estaban descalzos y con las piernas
desnudas», relataba Bonó, ministro de Guerra del Gobierno Restaurador, que
tenía su sede en Santiago de los Caballeros.
Demorizi escribió la obra Papeles de Pedro
F. Bonó (1964). Demorizi (1906-1986) es considerado el investigador histórico
más prolífico de la República Dominicana.
Es importante precisar que este artículo
tiene un propósito exclusivamente histórico y documental. La expresión «pata
prieta» o «el que sea prieto que hable claro» se cita tal como aparece en las
fuentes de la época y no responde a una valoración ni pretende promover ideas
racistas o discriminatorias. Su inclusión busca explicar el lenguaje y el
contexto histórico en que fue utilizada durante la Guerra de la Restauración.

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