Por Luis Aníbal Medrano Silverio
A través de los tiempos, la humanidad se
ha visto afectada por diferentes tipos de acciones contrarias a lo que se puede
denominar fidelidad, siendo uno de los ejemplos más corrosivos los denominados
enemigos internos ocultos, aquellos que, perteneciendo a una unidad, conspiran
en contra de esta, o en casos más simples, personas de nuestro entorno
violentan el sagrado principio de la lealtad.
Lo que registra la Sagrada Escritura como
el principio de la existencia del hombre, donde relata el asesinato de Abel a
cargo de las oprobiosas manos del enajenado Caín, es sin duda alguna la primera
muestra de un enemigo interno oculto ejecutando su vil traición.
Cientos de miles, o tal vez más,
acontecimientos con esos ribetes han acaecido durante el transcurrir de la
existencia del ser humano como tal.
Pero lo que nos ocupa en esta ocasión es
resaltar el grado de peligrosidad que posee quien adopta esa configuración mental
porque, al ser beneficiario de membresía de un núcleo, por pequeño que sea,
otorgándosele la debida confianza, no se espera que actúe contrario a los
principios establecidos.
Eso ocurre en el hogar, pasando por todos
los estamentos sociales hasta llegar al superior gobierno. Traiciona el hijo a
los padres, se traicionan las parejas, hermanos con hermanos, entre vecinos, el
empleado al patrón, entre conocidos, el político a su partido, el cura a sus
feligreses, el pastor a los siervos.
Es una triste realidad, tan desafortunada
que arruga el alma, desacierta los sentidos, desestabiliza la conciencia; en
fin, es frustratorio.
Los enemigos ocultos e internos son los
más destructivos porque operan desde las sombras y anulan nuestras defensas
naturales. Al no ser identificados a tiempo, sabotean nuestro crecimiento
personal, emocional y espiritual sin que podamos activar un mecanismo de
protección inmediato.
Para combatirlos de manera efectiva, es
necesario clasificarlos según el terreno donde atacan:
Enemigos mentales: El miedo paralizante,
la falta de autoconfianza, el apego al pasado, la culpa crónica y el
autoengaño. Vivir con una voz interna que repite "no puedo" destruye
metas antes de comenzar.
Enemigos emocionales: el rencor guardado,
la envidia silenciosa y la amargura acumulada. Actúan como un veneno
autoinducido que desgasta la salud mental.
Enemigos relacionales: Personas falsas que
fingen amistad o lealtad solo para mantenerse cerca, pero que en realidad
sabotean tus logros o se alimentan de tu energía. El autor es periodista,
municipalista y político.
El autor es periodista, municipalista y
político.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Esperamos que su comentario contribuya al desarrollo de los gobiernos locales .