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Por Isaac Terrero y Julio Alejo
Desde el 2005 a la fecha, con
excepción de los año 2012 y 2013 (años en los que se produjo un aumento de dos
mil millones en total a favor de los gobiernos locales), los directores
ejecutivos de las entidades asociativas municipales, especialmente el de Fedomu,
han acostumbrado a esta sociedad a ser espectadora de un reclamo, que a nuestro
entender, ética, jurídica y técnicamente ha sido mal fundamentado. Se trata del
conocido grito de “más recursos para los ayuntamientos”, tema con el cual
nosotros estamos de acuerdo. Ahora bien, pasemos a explicar cómo debería estar
fundamentado ese reclamo.
¿Qué establece la Constitución de la República
sobre la transferencia de competencias y recursos a las municipalidades? La
carta magna instituye que el Estado debe propiciar la transferencia de
competencias y recursos hacia los gobiernos locales, de conformidad con la
Constitución y la ley. La implementación de esas transferencias estaría
condicionada a la existencia de políticas de desarrollo institucional,
capacitación y profesionalización de los recursos humanos.
Como si fuera poco, la Ley No. 176-07 del
Distrito Nacional y los Municipios establece en su titulo noveno, capitulo
primero sobre planificación municipal la formulación de Planes Municipales de
Desarrollo a los fines de: “Lograr una utilización e inversión adecuada de los
recursos municipales…, bridar una oportuna y eficiente atención a las
necesidades básicas de la comunidad y lograr un ordenamiento racional e
integral del territorio.”
De igual manera, se contempla la coinversión en
iniciativas relevantes para el ayuntamiento con el Gobierno Central, sobre la
base del Plan Municipal de Desarrollo y las metodologías establecidas por la
entidad competente con el tema, que en este caso es el Ministerio de Economía,
Planificación y Desarrollo (MEPyD). Dichas iniciativas deben incorporarse a los
planes de inversión pública multianual y anual del Gobierno Central, al propio
tiempo que deben ser integradas al Presupuesto General del Estado de cada año.
La Ley municipal es muy clara al establecer la
planificación como variable central de la gestión municipal, de la cual
dependen las demás áreas, sobre todo la financiera. Eso lo tienen muy claro los
directores ejecutivos de las instituciones del asociativismo municipal como
conocedores de la ley que son, a quienes no les luce alegar ignorancia.
¿Qué es lo que ha estado sucediendo? Que los
alcaldes, regidores, directores de distritos y vocales han sido tomados en su
buena fe, aprovechando la situación de calamidad por la que atraviesan en sus
respectivos gobiernos locales, dado la limitación de recursos económicos que
padecen, para unos actores bien identificados y mal intencionados beneficiarse
política y económicamente de esa causa durante un largo tiempo (casi diez años),
puesto que se creen dueños de esas instituciones.
De conformidad con la END 2030 y la propia
legislación municipal, las prioridades de los municipios y distritos
municipales en términos de inversión deben ser incorporadas al Plan Nacional
Plurianual del Sector Público (PNPSP) en cada periodo correspondiente, sin
embargo, como al momento de formularse el actual PNPSP 2013-2016 los
gobiernos locales, en su gran mayoría, carecían de planes de desarrollo, el
gobierno central no tuvo elementos para consignar inversiones priorizadas por
las territorialidades. La gran verdad es, que los directores ejecutivos de las
instituciones del asociativismo municipal fueron incapaces de llevar a cabo
acciones tendentes a integrar la municipalidad al nuevo Sistema de
Planificación e Inversión Pública, que es la única forma mediante la cual se
pueden aumentar las transferencias a los gobiernos locales.
La excepción en toda esta crónica ha sido la
Región Enriquillo, y muy específicamente, la provincia Barahona, en donde
Asomure con apoyo de la Fundación Demuca, con recursos mínimos está brindando
asistencia técnica en la formulación de los planes de desarrollo, los
municipios y distritos municipales, cohesionados en el escenario provincial y
regional estén en condiciones de incrementar sus ingresos a partir del año
próximo, no solo por concepto de transferencias intergubernamentales, sino,
también, por gestión propia. Experiencia ésta, que debería ser acopiada y
replicada en todo el territorio nacional con los recursos que reciben las
entidades asociativas de la municipalidad, pero como se sabe que esa no es la
intensión, las autoridades municipales no deben esperar eso. Y, de seguir
ciertos actores gravitando en el sistema asociativo de la municipalidad, el
próximo año nos encaminaríamos al mismo espectáculo que ya se ha hecho costumbre
como decía una presentadora de televisión, que “esos funcionarios solo salen a
reclamar más recursos”.
Si existiese voluntad real de que los gobiernos
locales incrementen sus ingresos, el primer paso que debieron haber agotado los
directores ejecutivos de Fedomu y Fedodim era bridar la asistencia técnica
necesaria para que hoy el total de municipios y distritos municipales contasen
con sus planes de desarrollo. Y, no pueden alegar que ha sido por falta de
recursos, ya que casi 500 millones que ha recibido Fedomu en los últimos tres
años son más que suficientes para haber dotado a la fecha a todas las
municipalidades de planes de desarrollo concertados con los sectores
económicos, sociales y políticos de los territorios, actuación que empoderaría
a las territorialidades de la causa, agregándole valor a la misma, tal como se
hizo con la lucha del 4% para la educación. Pero, está claro como sol de
mediodía que eso no es lo que se quiere.
Este año, el reclamo tiene un matiz muy
especial. Como el director ejecutivo de Fedomu tiene conocimiento de que en las
próximas semanas será sustituido y la estrategia que ha utilizado ha sido
infructuosa, el hecho de que el Poder Ejecutivo con razones justificadas o no,
haya obviado a la municipalidad para ser incluida en un aumento directo de
recursos económicos, le ha dado la oportunidad de usarlo como subterfugio y ha
sorprendido en su buena fe, como lo ha hecho en otras ocasiones, a los
presidentes de las instituciones del asociativismo municipal, todos del PLD, para
que pongan el pecho frente a su propio gobierno en un proceso extemporáneo y
carente de fundamentación técnica y jurídica, ya que tanto la Constitución de
la República como la Ley 1-12 de END 2030 establecen que las inversiones de los
recursos públicos deberán hacerse de conformidad con la planificación del
Estado, incluyendo los Planes Municipales de Desarrollo.
Es legitima la sospecha de que de lo que se
trata, es de crear una crisis política, matizada por un enfrentamiento entre
los gobiernos locales y el gobierno central, para con ello tratar de mantenerse
en la posición o en su defecto, destruir el instrumento asociativo, cuestión
con la que las autoridades municipales e institucionales de Fedomu deberían
tener sumo cuidado como lo han hecho los líderes políticos nacionales.

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