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martes, 18 de noviembre de 2025

Menores heridos en feria mecánica, caos real: Bani enfrenta el costo dé la falta de control

Por Luisana Lora

 

La feria mecánica instalada en Baní como parte de la celebración de las fiestas patronales en honor a Nuestra Señora de Regla debía ser un espacio de alegría, devoción y convivencia familiar. Cada año, estas festividades unen a la comunidad en una mezcla de tradición, fe y cultura. Pero este fin de semana, la celebración se vio empañada por una ola de violencia que dejó a varios menores heridos y a todo un pueblo indignado.

 

Entre estos un niño de once años recibió un machetazo en la cabeza mientras hacía fila para montarse en una atracción. Un hecho impensable en pleno evento patronal, donde se supone que la seguridad debe redoblarse, no brillar por su ausencia.

 

Y lo más alarmante: no fue un caso aislado.

 

Otra madre denunció que su hijo también salió de la feria con varias heridas de arma blanca, luego de ser agredido por una supuesta banda de menores que peleaba con otro grupo. El joven tampoco tenía relación con el conflicto. Simplemente estaba allí, como cualquier visitante, disfrutando de las fiestas de Baní.

 

Cuando menores resultan heridos en un mismo evento festivo, la pregunta deja de ser “¿qué pasó?” y se convierte en “¿qué no se hizo?”.

 

Las madres coincidieron en lo mismo: la ausencia policial. Una de ellas cuestionó abiertamente dónde estaba la policía dé Bani al momento del hecho, afirmando que la feria no contaba con presencia suficiente para prevenir episodios así.

 

Un reclamo legítimo, más aún tomando en cuenta que las patronales atraen a miles de personas y requieren un protocolo de seguridad más estricto.

 

Es lamentable y profundamente preocupante iniciar la semana laboral con él registro dé menores heridos en el marco de una fiesta religiosa y cultural dé nuestro pueblo que simboliza paz, unidad y tradición.

 

Habla de una falla institucional evidente y de una descomposición social que se manifiesta sin pudor, incluso en espacios donde deberían reinar el orden y la convivencia.

 

Baní no puede permitir que sus fiestas patronales, uno de sus pilares culturales, se conviertan en escenarios de violencia. Las familias están exigiendo respuestas, y tienen todo el derecho.

 

No se trata de prohibir la diversión, sino de garantizarla. No se trata de culpar por culpar, sino de actuar donde urge.

 

La feria falló en lo esencial: seguridad, control y prevención

 

Mientras tanto, quedan niños, jóvenes heridos y una comunidad entera preguntándose cómo permitimos que la violencia invadiera incluso las celebraciones a Nuestra Señora de Regla.

 

Las fiestas patronales deben unirnos, no dejarnos contabilizando lesiones en lo que debía ser una noche de tradición y alegría.

 

Baní merece una celebración sin miedo, y las autoridades están obligadas a garantizarlo.

 

lunes, 27 de octubre de 2025

Melissa: la tormenta que nos volvió a poner frente al espejo

Por Luisana Lora

 

Melissa no fue solo una tormenta. Fue un espejo que nos devolvió, sin filtros, la imagen de un país frágil ante los fenómenos naturales. Desde su nacimiento, los meteorólogos advirtieron su comportamiento errático, impredecible, casi desafiante. Pero lo que vino después, más allá de los pronósticos, fue la evidencia de nuestra vulnerabilidad estructural y humana.

 

Bastaron horas de lluvia intensa para que en el caso particular de Peravia se desatara el drama que ya conocemos demasiado bien. Sectores como 30 de Mayo, La Colina, entre otras quedaron anegados, con familias que lo perdieron todo, atrapadas entre la crecida de las cañadas y el desamparo. La tormenta se fue, pero el lodo, la tristeza y la incertidumbre quedaron en las calles y en los rostros de quienes no tienen más que volver a empezar.

 

Melissa volvió a dejar al descubierto un sistema de drenaje deficiente, un problema que no es nuevo, pero que las autoridades han preferido seguir parchando en lugar de resolver. Cada lluvia es una advertencia, pero también una repetición: el agua busca su camino, y cuando no lo tiene, arrastra con todo.

 

Y, sin embargo, entre tanto caos, también emergió la otra cara: la del valor, la entrega y la solidaridad. La Defensa Civil, la Cruz Roja, el Cuerpo de Bomberos y decenas de voluntarios salieron a las calles con lo poco que tenían, y lo dieron todo. Su esfuerzo logró que Peravia no tuviera pérdidas humanas, un logro que no debe atribuirse a la suerte, sino a la vocación de servicio de quienes se negaron a rendirse ante las lluvias.

 

En ese mismo espíritu de respuesta, la gobernadora Ángela Yadira Báez se mantuvo supervisando personalmente la entrega de raciones alimenticias crudas y cocidas a los sectores más afectados. De igual forma, el senador Julito Fulcar y los diputados Willy Sánchez y Carmen Leyda acompañaron los operativos de asistencia, demostrando que en momentos de crisis no basta con hablar, hay que estar.

 

Pero más allá del agradecimiento y del alivio de no contar víctimas, este fenómeno debe servirnos como una lección urgente. No podemos seguir actuando solo cuando el desastre ya ocurrió. Baní y todo el país necesitan una revisión seria y planificada del sistema pluvial y sanitario, no parches cada temporada ciclónica.

 

Melissa se fue. Pero su paso nos recordó, con crudeza, que mientras sigamos dependiendo del azar para sobrevivir, seguiremos siendo un país que aprende tarde y olvida rápido.

 

En Peravia no pedimos milagros, pedimos planificación. Porque cada lluvia que pasa sin acción es una historia que volveremos a contar desde el lodo.