Por JUAN T H
Cuando yo era
adolescente mis referencias artísticas, literarias, intelectuales y políticas, al
igual que las de mi generación, eran distintas: Raphael de España, Armando
Manzanero, Nino Bravo, Carlos Gardel, Joan Manuel Serrat, Silvio Rodríguez,
Pablo Milanés. Mercedes Sosa, Ana Belén, Víctor Manuel, Danny Rivera, Francis
Santana, Niní Caffaro, Rafael Solano, Sandro, entre muchos otros.
Escritores como
Jean Paul Sartre, Franz Kafka, Simone de Beauvolir, García Márquez, Federico
Henríquez y Carvajal, Juan Bosch, Juan Rulfo, Miguel Hernández, Pablo Neruda, Walt
Whitman, Miguel de Cervantes, Jorge Luís Borges, Eduardo Galeano, Mario
Benedetti, Karlos Marx, Mao, Lenin, Frank Moya Pons, Salomé Ureña de Henríquez,
Pedro Mir, Manuel Rueda, Fernando Casado, Manuel del Cabral, los
enciclopedistas del siglo 18, etc., etc.
Recuerdo que “los
muchachos” del barrio teníamos un “círculo de lectores”; Narciso González, “Narcisazo”,
nos regaló una enciclopedia que luego rifamos para adquirir más libros que nos
permitiera elevar nuestro acervo cultural. La juventud de esos años tenía un
compromiso con su pueblo. Militaba en los partidos, principalmente de
izquierda. Luchaba en los movimientos estudiantiles, sindicales y barriales. La
conciencia social era diferente.
Los políticos que
seguíamos en los años 60, 70 y 80 eran Juan Bosch, Manolo Tavares Justo,
Joaquín Balaguer, Juan Isidro Jiménez-Grullón, Fidel Castro, Che Guevara, Salvador
Allende, José Francisco Peña Gómez, Salvador Jorge Blanco, Antonio Guzmán, Hipólito
Mejía, Narciso Iza Conde, Fafa Taveras, González Espinosa (Guayubín o Eduardo
María); más recientemente Leonel Fernández, entre muchos otros. Tenían un
denominador común: El compromiso con una causa o con otra, de izquierda o
derecha. Le sumo el nivel intelectual, la preparación, la militancia histórica.
Los referentes
culturales actuales distan muchos a los de antes. Es como si, lejos de avanzar,
hemos retrocedido. Le preguntaba a uno de mis hijos, ¿cuáles son sus referentes
culturales en la música, la literatura, la lectura y la política? ¿Sabrán
ustedes, los jóvenes de ahora quienes fueron y qué hicieron compositores y
músicos de la talla de Beethoven, Mozart, Sebastián Bach, Vivaldi, Brahms,
entre otros clásicos de reconocimiento mundial? ¿Cuántos jóvenes de esta
generación han acudido a un concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional dirigida
por José Antonio Molina? ¡Muy pocos, me temo!
Como dijera
Galeano, el mundo está “patas arriba”. La inversión de valores enorme, la
degradación de la cultura con su consecuencia nefasta en la política y en todo
el quehacer de la humanidad. Tal vez nadie describiera el mundo actual tan brillantemente
como el compositor argentino Enrique Santos Discépolo en su tanto Cambalache
escrito en los años 30 del siglo pasado.
No es nostalgia
simplemente, pero antes, para aspirar a dirigir un Congreso, una ciudad o un
país, había que tener nivel, estar preparado para ser diputado, senador,
alcalde o presidente de un país. La formación, el compromiso social, la
vocación de servicio hacia los demás; hoy nada de eso importa. Ahora cualquier pelafustán,
analfabeto por demás, anclado en las redes sociales, el narcotráfico, el juego
de azar, el bajo mundo, no solo aspira, sino que puede dirigir cualquier país.
¡La democracia se nutre de las religiones y de la ignorancia!
Las redes sociales
y el móvil, que no podemos abandonar en ningún momento, constituyen una trampa
moral, como un cuchillo de doble filo atraviesa el corazón del conocimiento y
la cultura.
Los sectores
dominantes, las oligarquías criollas de todos los países durante siglos han
invertido recursos incalculables en mantener a los pueblos postrados ante la
ignorancia que produce la religión y un sistema educativo diseñado para
mantener a la gente enajenada y embrutecida.
La “clase
política”, embrutecida y corrompida, es la responsable de la degradación
política, de la enajenación y la incultura del pueblo dominicano. No está lejos
el día en que llore lágrimas de sangre por sus inconductas, por su falta de visión
y de compromiso con el desarrollo integral del país. (No olvidemos que la
cultura es un eje transversal que lo abarca todo)
Los payasos
dedicados a la política, no los dueños del circo, con aspiraciones de todo
tipo, incluso presidenciales, tienen el campo abierto. El escenario es suyo.
Tienen los recursos para entretener y encañar con falsas promesas. La capacidad
crítica de la población ha sido anulada a través de las redes sociales y demás
medios de comunicación. No me sorprendería si un día de estos al despertar, me
entere de la “elección democrática” de un cómico analfabeto que no se ha leído
un solo libro en su vida.
(No sería la
primera vez. Este país tuvo un presidente que firmaba con una ¨equis” (X)
porque no sabía leer ni escribir)

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