Por JUAN T H
La democracia de la República Dominicana
debe estar entre las más caras, injustas y malas del mundo, porque benefician a
unos pocos y perjudican a la mayoría, creando un desbalance extraordinario.
La mayoría de los ricos, empresarios,
importadores, exportadores, comerciantes, etc., evaden el pago sobre la renta,
reciben subsidios que superan los 400 mil millones de pesos todos los años, los
políticos acaparan millones del presupuesto de la nación otorgados por la Junta
Central Electoral.
No me equivoco si afirmo categóricamente
que la nuestra es una democracia, si le podemos llamar democracia, a un sistema
injusto, con una economía que crece todos los años, pero que no se retribuye de
manera armónica.
No es casual que en el país tengamos más
de 26 mil privados de libertad, más del 90% de escasos recursos económicos
(pobres de solemnidad), mientras que el 64% tienen medidas de coerción (presos
preventivos, muchos enfermos, sin dinero para pagar un abogado, una fianza, o
los medicamentos necesarios. Las cárceles no son más que cementerios de hombres
vivos. (Y mujeres también)
Seguimos luchando, como diría Cervantes,
contra la injusticia, el miedo y la ignorancia, que pesan demasiado entre los
pobres que creen que su situación económica es un mandato divino, que nacieron
para ser pobres. Su esperanza está en la otra vida. No saben que no hay otra
vida, que es necesario vivir esta vida de la mejor manera posible sin la
intervención de Dios.
Nadie nace para ser pobre. Vivir y morir
en medio de la pobreza es un castigo, no una bendición. Si no existieran las
Fuerzas Armadas y la Policía Nacional el sistema no se mantendría ni un solo
día. Los organismos militares fueron creados para proteger y defender los
intereses de los oligarcas, “tutumpotes” o como usted los quiera llamar.
La justicia, de igual modo, está concebida
para proteger y defender los intereses de esa misma oligarquía. Militares,
abogados, fiscales, periodistas y jueces, forman un sistema único, no para
hacer justicia, sino para garantizar las injusticias más execrables.
El profesor Juan Bosch lo explica muy bien
en su obra, el Estado, que bien puede ser considera un plagio del libro de
Federico Engels, el Estado, la Sociedad Privada y el Estado, donde explica la
naturaleza de clase del sistema judicial y militar de las llamadas democracias
occidentales.
Mientras exista el Estado no habrá
libertad, dijo Engels. El Estado tiene una naturaleza de clase, con el dominio
de la violencia, (Mao dijo que el poder nace del fusil) sino de la estructura
económica, judicial y comunicacional porque los medios de comunicación también
responden a sus intereses.
He estado opuesto, desde el principio,
coherentemente con el subsidio a los partidos políticos (el que quiera hacer
política que lo haga con su dinero), al barrilito que le otorgan a los
senadores, al cofrecito a los
diputados, al dinero del día de los Reyes Magos, de las Madres, del
Niño, etc. (el diputado o senador que quieran hacer regalos, que lo haga con su
dinero, no con el dinero del pueblo) también soy opuesto a las dos
exoneraciones que cada cuatro años se
les otorgan a los legisladores (el que quiera vehículos de lujo que los compra
con sus cuartos).
Hay que terminar con los privilegios de
políticos y empresarios. Más de 400 mil pesos en exenciones fiscales, es “mucho
con demasiado”. ¡Una Barbaridad!
Si todos pagáramos nuestros impuestos
religiosamente, la energía eléctrica, el agua, la recogida de la basura, etc.,
no habría que hacer una reforma fiscal.
Los cien mil millones que necesita el Estado lo obtendría con facilidad, solo
que en este patio los dueños del país evaden el fisco en más del 40%. En esta
media isla pagan impuestos los jodidos.
Decía mi padre Prospero Taveras, “no te
preocupes, hijo, que algún día ahorcan blanco”. Murió hace muchos años sin ver
su predicción. (Nadie ha visto un blanco ahorcado, solo los negros, esclavos
por demás, mueren en la horca o de hambre, que no es lo mismo, pero es igual)

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