Por Miguel Ángel Cid Cid
Los políticos dominicanos están asumiendo una dieta
alimenticia saludable. Los efectos son palpables en estos días. La ansiedad por
tener en frente un micrófono abierto parece que llegó a su fin. La cura vino
con la guerra.
Estados Unidos e Israel empezaron una escalada
militar contra Irán el 28 de febrero de 2026. La guerra inició con una batería
de bombardeos aéreos sorpresivos y coordinados sobre varias ciudades iraníes.
Incluso Teherán, capital iraní.
Donald Trump, presidente de EEUU denominó la ofensiva conjunta
"Furia Épica", Epic Fury en inglés. Por su lado, Benjamín Netanyahu, líder
del gobierno de Israel la llamó en su idioma "Raring Lion".
Pero la sorpresa, en un santiamén cogió una vuelta
peligrosa. Los sorprendidos ahora son los estadounidense e israelíes.
La respuesta de Irán —por derivación— no pudo ser
más irónica. Teherán lanzó un enjambre de drones y misiles hacia Israel
y contra las bases estadounidenses en la zona. El gobierno iraní llamó a su
respuesta Operación Promesa Verdadera IV. Una forma diplomática de decir que no
hay furia, tampoco épica.
El motivo de este artículo —visto lo anterior— para
nada pretende ser un análisis sobre la escalada bélica en la zona del Golfo
Pérsico. Más bien, el tema viene para cómo descifrar porque los líderes
políticos dominicanos parece que están escondidos.
Los lectores dirán, pero por qué tienen que
esconderse los líderes políticos. Ellos no están obligados a opinar sobre una
guerra que se libra tan lejos de su territorio. Y tienen toda la razón.
Además, a los líderes políticos del país les
corresponde opinar sobre los problemas que afectan al país. Nada que ver con
sorpresas guerreristas caprichosas.
Que la escalada bélica afectará, sin embargo, a la
economía en el hemisferio occidental se sabe de sobra. El aumento brusco de los
combustibles es solo un reflejo. Más de cien dólares el barril de petróleo.
Los políticos, no obstante, son un espécimen ávido
de palabrerías. Por eso resulta rara la forma como actúan en el contexto
actual. Porque en momentos que se han desatado guerras en otros escenarios
lejanos —Ucrania-Rusia— por ejemplo, los análisis destemplados eran abundantes.
Ahora el silencio mete miedo.
¿Por qué tanto silencio? No hay explicación que
valga.
Hay una diferencia entre la escalada estadounidense
e israelí contra Irán sobre las guerras anteriores está. Consiste en que, ahora
son los iraníes los que van ganando en terreno y en narrativa.
Por tanto, resulta difícil ignorar esa realidad al momento
de opinar. Y opinar contrario al amo puede ser catastrófico.
Por lo anterior, me parece probable que la base del
silencio de los políticos esté en el temor de meter la pata.
Pero hay otros recursos para justificar la mudez. La
frase: “el silencio es más elocuente que las palabras”, una sentencia
popular que habla del poder de la comunicación no verbal. Valora el silencio como
respuesta.
La frase es un aforismo, a menudo atribuido a la
sabiduría clásica o a Sócrates. Él recomienda hablar sólo cuando lo que va
decir es más hermoso que el silencio. Se asocia con la idea de que la mejor
respuesta es el silencio.
Otro recurso retórico para justificar no hablar se
encuentra en otra frase: “soy amo de mi silencio y esclavo de mis palabras”.
El enunciado se hizo popular en voz del Dr. Joaquín Balaguer, expresidente
dominicano. Pero en realidad, se atribuye a los filósofos Aristóteles o a Séneca.
Pero frente a una pregunta, el interrogado tiene el
derecho de responder. Pero también el derecho de negarse a hacerlo o evadir la
respuesta. La segunda opción requiere habilidad en el dominio temático de la
entrevista.
En suma, los líderes locales están en una disyuntiva
peligrosa. Primero, aceptar el riesgo de ser entrevistados. Segundo, seguir
mudos. Con el primero se arriesgan a desbocarse en contra del amo, el segundo,
en cambio, puede mermar la vigencia en un escenario electoral.

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