Por Roberto Fulcar
La Cumbre Mundial de Gobiernos, traducción
al español de la Word Governments Summit, se ha consolidado en poco más de una
década como uno de los espacios internacionales más influyentes para pensar el
porvenir de los Estados, la gobernanza y las políticas públicas. Celebrada
anualmente en Dubái, la cumbre fue creada en 2013 por iniciativa del Gobierno
de los Emiratos Árabes Unidos con un propósito explícito: colocar el futuro en
el centro de la reflexión y de la toma de decisiones públicas, más allá de las
urgencias del corto plazo.
Desde su origen, la Cumbre de Dubái, a la
que damos seguimiento debido a su vocación visionaria, no fue concebida como un
foro protocolar ni como una conferencia convencional, sino como una plataforma
de pensamiento estratégico orientada a anticipar transformaciones profundas y a
preparar a los gobiernos para escenarios complejos, inciertos y aceleradamente
cambiantes. Su enfoque combina liderazgo político, análisis técnico, evidencia
empírica y diálogo multisectorial, con una clara vocación prospectiva.
La edición 2026, celebrada del 3 al 5 de
febrero, confirmó la madurez y el peso global de una cumbre de largo alcance.
Acogió a más de 6,000 personas, entre ellas decenas de jefes de Estado y de
Gobierno, alrededor de 500 ministros y altos responsables de políticas
públicas, así como representantes de organizaciones multilaterales, centros de
pensamiento, universidades y empresas tecnológicas de alcance global. El
programa incluyó centenares de sesiones, paneles y foros especializados,
dedicados a examinar los grandes desafíos que marcarán la agenda pública en los
próximos años.
El futuro como horizonte deliberado
En la Cumbre de Dubái, el futuro no se
aborda como una abstracción lejana ni como un ejercicio meramente especulativo.
Por el contrario, se asume como un horizonte concreto que orienta las
decisiones del presente. Gobernar hoy implica comprender las transformaciones
que ya están en curso —tecnológicas, sociales, económicas, geopolíticas y
ambientales— y anticipar sus impactos sobre la vida de las personas, el
desenvolvimiento de las sociedades y la estabilidad de las instituciones.
La prospectiva, la identificación temprana
de riesgos sistémicos y la preparación de los Estados para escenarios
disruptivos atraviesan toda la agenda de la cumbre. El futuro es entendido como
un campo de responsabilidad pública, cuya anticipación se convierte en una
condición indispensable para gobernar con eficacia, legitimidad, sentido ético
y trascendencia.
Grandes temas en debate en 2026
La agenda de la versión 2026 se estructuró
en torno a grandes ejes estratégicos. Uno de los más relevantes fue la
inteligencia artificial y la transformación digital del Estado, analizada tanto
por su potencial para mejorar la eficiencia y la calidad de los servicios
públicos como por sus implicaciones éticas, regulatorias y sociales. Ello deja
un mensaje inequívoco: la tecnología no es neutra y debe estar subordinada a la
dignidad humana y al bienestar común.
Otro eje central fue la educación del
futuro, entendida como pilar esencial para la gobernanza democrática, la
empleabilidad y el desarrollo sostenible. Se debatió la urgencia de reformar
los sistemas educativos para desarrollar competencias pertinentes, pensamiento
crítico, capacidades digitales y aprendizaje a lo largo de la vida, como igual
promovemos desde el paradigma Educación para Vivir Mejor: un nuevo contrato
social por la educación.La sostenibilidad ambiental y climática ocupó también
un lugar destacado, con reflexiones sobre transición energética, resiliencia
urbana, economía verde y nuevos modelos de crecimiento compatibles con los
límites del planeta. A ello se sumaron debates sobre la economía del futuro, el
empleo en contextos de automatización, la salud pública, el bienestar social y
la cooperación internacional.
Líneas de acción que indican caminos
necesarios
Más allá del diagnóstico, la Cumbre de
Dubái impulsa líneas de acción concretas. En 2026 se enfatizó la innovación en
políticas públicas, promoviendo el uso de datos, evidencia y experimentación
para diseñar soluciones más eficaces y adaptativas. Se subrayó la importancia
de fortalecer un liderazgo público con visión de largo plazo, como cura
obligada a la socorrida indigencia estratégica en la experiencia de gobernar.
Otra línea central fue la cooperación
multisectorial, reconociendo que los grandes desafíos del siglo XXI no pueden
ser resueltos exclusivamente desde el Estado. Se trata de animar nuevos
contratos sociales que comprometan e involucren.
Finalmente, la cumbre reafirmó la
necesidad de avanzar hacia modelos de gobernanza ética, digital y centrada en
las personas. Y debiera ser así, pues la medida de la pertinencia de las
políticas públicas es el grado en que contribuyen a que las personas vivan
mejor.
En síntesis, la Cumbre Mundial de
Gobiernos de Dubái confirma que pensar el futuro no es un lujo intelectual,
sino una obligación política y ética. Las temáticas abordadas dialogan con la
vocación de la incipiente iniciativa que impulsamos desde Dominicana y el Sur
Global: el Instituto del Futuro.
Roberto Fulcar es educador, consultor,
asesor, autor, activista social y dirigente político dominicano.

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