Por ALEX BATISTA
Mi versión sobre el caso Soto-Salomón: el pasado martes, a eso de las 3.25
de la tarde, mientras se generaba una pausa de comerciales se produjo un
incidente en la cabina de la Z101 entre mis compañeros del programa “El
Gobierno de la Tarde” Adolfo Salomón y Abigaíl Soto. Movido por las diversas
versiones que han corrido del hecho, casi todas manipuladas y revestidas de
perversidad, me veo en la necesidad de informar, en mi condición de periodista
sobre lo acontecido allí.
Los hechos: En resumen, Adolfo (no una turba de dirigentes del PRM como se
ha dicho) golpeó dos veces con el puño a Abigaíl (no con un micrófono) después
de una agria discusión entre los dos en la que se acusaron mutuamente de servir
a intereses políticos, más específicamente Adolfo acusó a Abigaíl de ser una
bocina pagada y Abigaíl lo acusó de “tener dos casas que le robó al Estado
junto con Hernani Salazar”.
¿Por qué lo hago? Primero porque soy un amante de la verdad, segundo porque
se ha querido presentar a la Z101 como un lugar donde no se puede argumentar a
favor o contra el Gobierno y tercero porque se ha querido involucrar a mi amigo
Fafa Taveras, injustamente, en este pleito que no tiene nada de político ni
comunicacional, sino personal, pues desde que las discusiones pasan a ese
plano, todo el antecedente queda rezagado.
Ese problema pudo darse en un bar, en la calle, en una casa, en cualquier
lugar. Las razones no tienen nada que ver con lo ideológico. Por eso, entre
otras razones personales, me quedé sentado mientras todo pasaba… sí, levanté la
cabeza, miré y cuando pasaron los fatídicos instantes cooperé con la
restauración del orden, contrario al buen Fafa, que tratando de meter paz, de
separar a los compañeros, al rato era señalado como parte de la supuesta
“turba”.
Somos adultos, asumo que por esto se pagarán precios profesionales, la
empresa tiene la última palabra, pero Yo, como persona, me niego a quedarme
callado ante la infamia de decir que una turba entró a la cabina y me niego a
quedarme callado cuando se acusa injustamente al gran ser humano que es Fafa.
Es todo cuánto tengo que decir sobre el infausto incidente de ayer, donde,
lamentablemente, dos compañeros, de un equipo balanceado, dinámico y animado pasaron
de las palabras a la agresión física, insisto, nada que ver con turbas,
represión o cualquier otra cosa que se haya dicho.

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