Por
Miguel Ángel Cid Cid
El incesante ceceo
de pronto cesó. Los dos expertos internacionales sobre desarrollo local se
miraron sorprendidos. El uno esperaba que contestara el otro y, el otro, el
uno. “¡Ostia!, ¡Me cago en el cura!” Los asistentes al seminario, expectantes,
esperaban la respuesta.
Se habían pasado
todo el seminario en actitud pedante, mostrándole a estos indígenas Caribe cómo
es que funciona la cosa. Y, de paso, valorar la creatividad del pueblo español
para empujar iniciativas de desarrollo que tocaron todos los niveles de la
sociedad ibérica. Pero dentro del público estaba Rafael Pengsien Sang Ben,
quien con la serena sabiduría de los Sang Ben, no iba a perder la oportunidad
de poner algunos puntos sobre las íes. Pidió la palabra. Levantándose de su
asiento, y no sin antes elogiar la sapiencia de los consultores, preguntó:
-- “Sería bueno
que nos expliquen cómo ha influido la inmensa cantidad de dinero, y otros
tantos recursos, invertidos por la Unión Europea en España desde hace más de
treinta años con el objeto de promover y garantizar el desarrollo que hoy
ustedes pueden exhibir ante nosotros”.
Conforme los
españoles no contestaban, sino que se veían azorados, Pengsien continuó: “porque
el desarrollo tiene un costo. Ese costo puede variar, según las circunstancias,
en cada caso. Yo quiero saber, ¿Cuánto le ha costado a España y a la propia UE
ese desarrollo? ¿Cuáles riesgos han enfrentado y cómo lo han superado?”
Gracias al
planteamiento de Rafael, diestro en dar galletas sin mano, los debates del
evento empezaron a coger color y sabor. Facilitó aprender de las experiencias
ajenas, examinándolas con los pies bien puestos en la realidad nacional.
La anécdota
viene a cuanto porque hace casi cuatro años que en el país se aprobó la Ley No.
1-12, la cual establece la Estrategia Nacional de Desarrollo 2030, (END). La
creación de este instrumento legal comprendió un proceso de consultas
ciudadanas que abarcó el universo de los sectores productivos de la nación. Muy
pocas veces se ha desarrollado una iniciativa legal tan participativa e
inclusiva en nuestro país.
A pesar de esa
amplia participación, debemos anotar que, en general, en cuestión de leyes,
nosotros estamos bien. El problema está en cumplirlas. Es decir, tenemos la
experticia de crear leyes. De hecho, nuestros legisladores crean leyes de una
manera tan rutinaria, creativa y eficiente, que ni las leen. Nosotros podemos
enseñarles a esos gurúes internacionales ese punto.
Y eso,
precisamente, es lo que pasa con la END. Confieso que cuando leo esa Ley No.
1-12, al contrastarla con la realidad, creo que estoy leyendo una apasionante
novela de ciencia ficción. Los archi-famosos Objetivos del Milenio sólo se
cumplen en los informes oficiales. También tenemos un gran talento para hacer
informes maravillosos.
Pues, con todo y
el interés puesto en la aprobación de la ley que obliga al gobierno a invertir
en el desarrollo local y nacional, no pasa nada. Ni siquiera se ha generado un
clima de inversión. ¿Y los organismos de cooperación internacional? Bien,
gracias.
En un principio,
por otro lado, se creyó que las cacareadas ¿visitas sorpresas? del Presidente
Danilo Medina, desembocarían en un programa en esta dirección. Pero nada, nadita
de nada.
Tal parece que
llegaremos al 2030 y los sectores productivos del país no verán aterrizar la
inversión del Estado en la promoción del desarrollo en las localidades
necesitadas. Mientras lo que sí marcha viento en popa son las garantías de
evasión de impuesto para el gran capital. Evasión que aleja cada día más las
posibilidades de reducir la brecha de la pobreza.
¡Ostia! ¿De
dónde vendrán entonces los recursos?
Miguel Ángel Cid
Twitter:
@miguelcid1
30noviembre 2015

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Esperamos que su comentario contribuya al desarrollo de los gobiernos locales .