Por Faustino Collado
La corrupción pública y privada es una manifestación
degradante de la condición humana, que afecta moral y materialmente a la
sociedad. Ese doble efecto es destructivo para la cultura y las civilizaciones.
Acompaña
como parte o como sombra a todo ser que ejerce una función social,
especialmente remunerada y esencialmente si es el Estado. Las instituciones del
Estado, en cualquier sistema económico-social, son los principales centros de
corrupción, involucrando sumas y hechos de grandes magnitudes, teniendo las
mayores secuelas negativas para los pueblos. Por eso, la corrupción pública es
la más letal, contra la cual deben establecerse las medidas más rígidas, tanto
de prevención, como de castigo.
Siendo
el Estado la mayor y más influyente organización de la sociedad, la actitud que
contra la corrupción se tenga dentro de este va a influir poderosamente en los
entes individuales y en las organizaciones privadas, como las familias,
empresas, partidos, sindicatos, y el denominado tercer sector u organizaciones
sin fines de lucro.
La
extensión de la corrupción lleva a construir un entramado de corrupción, una
interdependencia corruptiva, corrupción activa y corrupción pasiva, que mina a
toda la sociedad, por lo que es a toda esta, en el sentido de sus actores y
actrices no envilecidos, que periódica y constantemente, tras la acumulación
del pus, deben limpiar, parar y cortar este cáncer. Si esto no se hace, el
resultado no será otro que el empeoramiento de las condiciones de vida, del
bienestar, no sólo en términos materiales, pues, por ejemplo, las grandes
empresas, oligopolios y monopolios se desarrollan en corrupción, sino de
satisfacción, seguridad, salud vital y felicidad, que se van deteriorando.
Los
casos que desde hace varios años afloran y se ventilan en España, desde un
lejano municipio hasta la monarquía, pasando por las instituciones financieras
públicas, las licitaciones, los dirigentes sindicales que aceptan prebendas,
etc., son un buen ejemplo de cómo las sociedades van siendo capturadas por la
corrupción. No es extraño, entonces, que España tenga los peores índices de
desempleo, deterioro de su sistema de salud y seguridad social, las peores
universidades de Europa y de otras partes del mundo.
La
gran corrupción que también se ha hecho visible en los gobiernos del PT en
Brasil, corrupción con crecimiento y disminución de la pobreza, y que ahora
involucra las más grandes empresas de ese país, que también lo son del mundo, y
que en los últimos 10 años ganan todos los concursos de construcción y
adquieren empresas en Dominicana, está llegando a una fase que casi le cuesta
la reelección a Dilma Rousseff, y ahora sus indicadores económicos y sociales
se están cayendo.
Y,
por último, vengamos a RD, que se encuentra en los primeros lugares en la
mayoría de las estadísticas negativas, incluyendo el Índice de Corrupción de
Transparencia Internacional, donde hoy precisamente un Senador de la República,
el más rico de todos, se encuentra en el banquillo de los acusados en una sala
de la Suprema Corte de Justicia, y donde el caso DICAN (Dirección Central Anti
Narcóticos de la Policía Nacional) dice hasta dónde hemos llegado y en manos de
quién estamos.
Si
en RD se va institución por institución, incluyendo la Universidad Autónoma de
Santo Domingo, muchos ayuntamientos, muchas escuelas y colegios, los cuarteles,
las aduanas, la frontera, la DNCD, el Ministerio de Obras Públicas, muchas
fundaciones, partidos y ONG, s que reciben fondos públicos, los gastos de
publicidad del gobierno, los manejos financieros del Banco Central, el Banco de
Reservas y los bancos privados, los consulados, muchas fiscalías y tribunales,
etc. etc., la podredumbre, el holocausto moral y el saqueo material será tan
revelador de que esta sociedad no tiene salida con las élites que la han estado
dirigiendo, educando e influyendo por décadas.
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