miércoles, 10 de diciembre de 2014

Liderazgo sordo y sin rumbo


Por Menegildo Cruz

Hay muchas razones por la cual un líder se debilita: por sectarismo, por creer que tiene suficiente apoyo, por formación ideológica o por formación burocrática.

Un dirigente sectario se considera tener la verdad absoluta, generalmente actúa por órdenes de un jefe superior para ser agradable, le gusta humillar al débil, deja sin respuestas al ser cuestionado y fácilmente se ofende cuando se le hace reclamos o no recibe el apoyo de sus seguidores.

Un líder que no escucha (sordo) se va a la deriva, el trabajo en equipo casi es imposible por su conducta egocéntrica, quiere que lo sigan sin condiciones, esto motiva a la división y desorden en un grupo.

Este tipo de dirigentes lo tenemos en los clubes, partidos políticos, sindicatos y hasta en el núcleo familiar, son los protagonistas en el escenario.

Estamos ante una crisis de valores donde el liderazgo se aferra a dirigir autoritariamente sin escuchar ni aceptar propuestas de consenso imponiendo una cultura personificada, una cultura de  yoismo.

Aplica el yo cancelo la reunión, yo hago el programa, yo hago lo que conviene, yo publique el comunicado, yo hago la propaganda, yo mando con apoyo del jefe, yo hablé con el presidente.

Todo esto es yoismo, términos usados para demostrar un comportamiento en la vida política. Un mal ejemplo para la juventud y el núcleo social que dirige.

El yoismo concentrado en un jefe es dañino, el liderazgo se debilita y el enemigo aprovecha la coyuntura para conquistar adeptos a favor de su partido o grupo.

Lo ideal sería un liderazgo democrático, parlamentarista, negociador, humilde, y sobre todo habilidades para interpretar el sentir de sus seguidores e impregnar confianza para bien común.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Esperamos que su comentario contribuya al desarrollo de los gobiernos locales .