LUIS ANÍBAL MEDRANO S.
COMUNICADOR
Resulta extraño el silencio en
todos las esferas que se ha producido como por arte de magia en relación al
tranque fabricado en la Federación Dominicana de Municipios (Fedomu) con el
asunto del nombramiento del muy importante, apetecido y codiciado cargo de
director ejecutivo de esa entidad.
Tal parece que ser que se produjo un nuevo cortometraje con un guión político-comercial
que se puede titular “Como se burla al liderazgo nacional”. Si así de sencillo,
no existe otra forma de llamarle a pacto que se ha generado en tierras europeas
como parte de un pugilato que pudo no haber surgido sino es por la terquedad y
el egocentrismo de gente que se creen los dioses de la municipalidad dominicana.
De repente se puede comprobar que el supuesto liderazgo municipal está
salpicado por intereses extraños que no están concebido para desarrollar los
gobiernos locales de la República Dominicana, lo que dicta mucho de los objetivos que
originaron la fundación de esa entidad y al parecer los ingresos adicionales en
euros que llegan a esa ONG le ha abierto el apetito a su máximo dirigente.
Tan grande fue el conocimiento de los fondos que se manejan con
proyectos que son captados por agentes especializados y especializadas para
tales fines, que el presidente de Fedomu se olvidó la asquerosia que le dieron
cuando fue a informar sus aspiraciones al actual cargo que ostenta.
Se olvidó el joven político y acaudalado empresario de los negocios de
apuesta que ni silla le brindó su nuevo socio, ese mismo socio que fraguó
y salió a buscar desesperado un
candidato que lo enfrentara con éxitos en sus intenciones. ¡Que ironía tiene la
vida!
Tanto son los recursos que pueden manejar, que el presidente de Fedomu
se ha dejado encantar por el Sultán Cibaeño, a tal grado que está enfrentando
al secretario de asunto municipales de su partido y de paso con la inmensa
mayoría de los alcaldes peledeistas que se opone a la permanencia del actual
director y mucho menos el nombramiento de uno que sea su acólito.
De tal manera es la avaricia generada que se ha atizado el pleito
interno del PLD y lo han traslado al campo de batalla municipal donde se están enfrentando
desde ya El Príncipe de Villa Juana y el actual inquilino de la casa
presidencial ubicada en la doctor Delgado.
Da pena ver a un político cuyo liderazgo venia en ascenso y al que mucho
apostaban que llegaría lejos, dejarse arrastrar por un sapo político que mucho
se preguntan cuál es su temor de abandonar el cargo, cuál es el temor de poner
un alto a sus años de reinado, cuál es el temor de dejar funcionar a Fedomu
como una institución a favor de la municipalidad dominicana y no como un feudo
personal.
La sacada del debate de ese conflicto y la irregularidad de
procedimiento para la realización de la asamblea eleccionaria de esa
organización, por cierto, la pospusieron para enero (lo nunca visto), es un mal
mensaje, porque eso no se trata de empresas privadas con deseos de expansión a
todas costa y sin importar la legalidad o no.
Fedomu es una organización de funcionarios electos que corren el riesgo
de tarde o temprano ser castigados con el voto de castigo por ser cómplices de
una apuesta indecorosa, con esas negociaciones pintadas de política pero con
trasfondo económico.
Con todo esto se lastima el sentimiento municipalista al ver como voces
autorizadas, que se ufanaban de ser expertos y expertas en el tema, que
defendían sus planteamientos con uñas y dientes, hoy están entrampados en un
silencio cómplices, algunos ausentándose del debate y otros ni siquiera dando
señal de vida para no ver afectado sus intereses. Eso no es serio ni saludable
a favor del mundo municipal dominicano.
Lo que nos preguntamos, y hasta asusta saber, ¿Bajo qué condiciones el
actual presidente y el bailoteado director ejecutivo de Fedomu acordaron
unirse? Si crearon su acuerdo de protección y respaldo mutuo, que pone en
entredicho el prestigio del mundo municipal dominicano, sumando al rosario de
pactos de todos los colores que se han generado en el país, nunca cumplido para
favorecer a los ciudadanos, no debieron irse tan lejos.
Qué bueno es así, gastando el dinero que mucha falta le hace a los
ayuntamientos, el dinero del pueblo que debe volver al pueblo con obras y
servicios eficientes, en viaje de negocio político económico con disfraz
municipal.
Porque irse a Italia a rubricar lo acordado bajo las miradas
complacientes de peones y arfiles viajeros que según se muestra a legua se han
beneficiado ampliamente. Al menos que no sean adictos a las pastas o que tal
vez aprovecharan el surgimiento de un nuevo capítulo de ayuda en proyectos que
ejecutaran bajo la administración de personeros que no guardan la apariencia y
que no entienden que el destino de Fedomu no se endereza con un Pacto de las Pastas.

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