POR TOMAS REYES
El despertar de la conciencia nacional
que muchos equivocadamente creyeron no se produciría jamás, se ha
convertido en una realidad en la República Dominicana donde los actores de este
proceso irreversible de cambios sociales no han sido, por primera vez en
toda la historia republicana, los partidos políticos tradicionales, sino, las
fuerzas sociales emergentes.
Así como una criatura en el vientre de
la madre comienza a gestarse paulatinamente, de igual forma los procesos de
luchas sociales evolucionan conforme a la acumulación de un conjunto de
factores negativos que imposibilitan la subsistencia de las grandes mayorías
desposeídas y alborotan sus resultados cuando las condiciones objetivas están
dadas para cosechar los frutos durante décadas de incesantes jornadas de lucha
reivindicativas.
Esos grupos de lucha sociales que ante
la ausencia de un instrumento de lucha creíble que canalice sus demandas, han
optado de manera espontanea en convertirse en protagonistas de su propia
historia construyendo en el presente la ruta que debe transitar el pueblo
dominicano, hasta lograr obtener la victoria final contra quienes desde el
poder se han olvidado del dolor y la miseria de los sectores más desposeídos de
la nación.
En los últimos tiempos hemos tenido conquistas
sociales en beneficio de la sociedad dominicana como resultado de incesantes
luchas. La que hizo posible conseguir la asignación del 4 % para la educación,
el impedimento de la construcción de una fábrica de cemento en el parque
los Haitises, lo cual afectaría la ecología en ese lugar.
En esa misma tesitura, las jornadas de
protestas a nivel nacional e internacional contra el ex presidente Leonel Fernández
y los funcionarios acusados de cometer actos de corrupción en la pasada administración
peledeista, las constantes jornadas de protestas contra la contaminación al
medio ambiente por la empresa minera Barrick Gold en la comunidad de Pueblo
Viejo, Cotuí.
La jornada nacional de lucha patriótica
que se ganó el respaldo del 98% de los habitantes de la nación dominicana para
que Loma Miranda fuera declarada como Parque Nacional, son el resultado del
fortalecimiento de este creciente movimiento popular que como rio desbordado se
desplaza por todos los rincones de la geografía nacional construyendo tras sus
pasos la futura vanguardia de las luchas sociales del pueblo dominicano.
El PRM y la convergencia nacional de
lucha opositora por un mejor país, deben tomar como termómetro político para
medir la temperatura política-social del pueblo dominicano, fenómeno social que
debe formalizar con estos sectores un acuerdo nacional sobre la base de
impulsar unidos un programa amplio de lucha reivindicativa, lo cual sería el
inicio del verdadero despertar de la conciencia nacional.

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