Por
Ing. Ramón Ureña Torres
Ha sido una de
las principales preocupaciones del Consejo Regional de Desarrollo, Inc. (CRD)
desde su fundación, la migración desbordante de los residentes rurales a las
zonas urbanas, así como por los perjudiciales resultados de la misma, hemos visto que nuestros campos se quedan cada vez más
solos y nuestras ciudades crecen sin ningún tipo de ordenamiento y control.
A fin de analizar dicha problemática dentro de
la óptica del CRD y las soluciones que propone a la misma la dirección técnica
del organismo de desarrollo, es
necesario que echemos un vistazo hacia atrás
en nuestro pasado socioeconómico y
sociopolítico, y sobre todo, casi a
principios del Siglo XX para ver qué nos dicen y arrojan las estadísticas.
Recordemos que
el país fue militarmente ocupado por los norteamericanos en 1916 y es a partir
de esa fecha cuando comenzamos a registrar algunos datos y a crear algunas
estructuras administrativas con más o menos algo de lógica y orden (pues los
gringos querían saber dónde buscar) así nacieron instituciones como el Catastro
Nacional y la
Oficina Encargada del Control de la población y la familia
(Oficina de Estadísticas).
En 1920, ya el
país pudo hacer su primer censo poblacional y miren los resultados: En todo el
país contábamos con un poco mas de 894,000 habitantes de los cuales apenas el
16% vivían en los llamados “ Centros
Urbanos o Ciudades ” y el resto viva en los campos. Es decir que en más de
cuatro siglos crecimos apenas menos de un 10% del crecimiento del siglo XX.
Es entendible
que la población del país fuera casi en su totalidad rural pues no había tantas
diferencias entre los villorrios urbanos, con calles empantanadas, sin servicio
de energía eléctrica ni agua potable y las comunidades rurales donde los campesinos
vivían a sus anchas.
La apertura de
carreteras, la construcción de puentes por parte de los invasores y la
organización y puesta en marcha de un sistema de catastro que permitió hacerse
propietarios de las mejores tierras del país a familias y empresas extranjeras, trajo consigo el inicio forzoso
del desplazamiento de los habitantes del campo a la ciudad.
Así se inició el desorden urbano que tenemos hoy
en día y desde esa época no ha cesado el campo de quedarse vacío, para sus
habitantes ¨ buscar mejor vida ¨ en las ciudades.
El desarrollo de la industria azucarera, unido a la expansión de la ganadería, en la década
de los años 30 y 40, acentuaron mas la migración campesina y si a ésto unimos
que ya en los centros urbanos existían iglesias,
escuelas, acueductos y en algunos hasta hospitales y energía eléctrica, es
lógico pensar que los campesinos quisieran sumarse al ¨desarrollo¨, así
surgieron nuestras ciudades sin ningún tipo de planificación y eso explica lo
que hoy somos .
La época de la
dictadura de Trujillo fue también la época del inicio de nuestro ¨Desarrollo Industrial¨. No cabe dudas
que aunque entrecomillemos la palabra desarrollo, es justo admitir que así fue:
Nacieron los grandes centrales azucareros; se construyeron los primeros canales
de riego que sumaron grandes extensiones de tierra a la siembra de arroz y ésto
contribuyó al surgimiento de nuevos poblados donde vivían los obreros con sus
familias (Los Bateyes) .
El desarrollo de
servicios tan vitales como la energía eléctrica, acueductos, calles afirmadas,
iglesias, escuelas, terminaron de seducir a los habitantes del campo para irse
a las periferias de los centros urbanos. Esto unido a que el tipo de desarrollo
que se impuso fue basado en la gran propiedad y la creación de grandes
latifundios dedicados al cultivo de caña de azúcar, la ganadería y enormes
fincas arroceras que no dejaron espacio a los campesinos. En esto jugó un papel
muy importante el Catastro Nacional con la titulación de las tierras para sus nuevos dueños que eran los que las
titulaban y mensuraban y simplemente despojaban a los campesinos ocupantes, no
importa el tiempo que allí estuviesen laborando dichos predios.
El Modelo de
Desarrollo Rural que planteó Juan Bosch
El desarrollo
del campo en el país pudo haberse hecho en formas diferentes.
Trujillo creó
los asentamientos para establecer una frontera viva que desestimulara la
entrada de inmigrantes haitianos, aunque el desarrollo de la industria
azucarera lo llevó a traer bajo contrato grandes conglomerados de braceros
haitianos que luego eran repatriados en parte, pero que poco a poco se fueron
estableciendo de manera fija y hoy conocemos la historia de lo que pasó.
Aceptó otros
inmigrantes, que colocó en zonas muy estratégicas (Españoles, húngaros,
libaneses, judíos y japoneses) que con la excepción de los húngaros se
establecieron y formaron verdaderos ¨Guetos¨ que han hecho grandes aportes al
país.
Pero todo ésto
lo hizo sin profundizar en reformas sociales y sin que sus grandes propiedades y
la de sus allegados fueran tocadas. La escasa población del país permitía esas
prácticas.
Juan Bosch
planteó una política diferente, él creía en las comunidades agrícolas, tal como
las había observado en otros países.
Al estar el
campo tan atrasado desde el punto de vista social y material él planteó un
modelo de asentamientos campesinos basado en colonias o ciudades agrarias con
todos los servicios básicos y con una
gran Escuela Agrícola de formación integral en el centro de esos poblados,
donde se le enseñara a los allí asentados y a sus hijos a cultivar la tierra
con tecnología y se le introdujera en prácticas de crianza de diferentes
especies pecuarias (Avicultura, conejos, cerdo, ganado, etc). En fin un modelo
que dignificara el campo y a sus habitantes y evitar así la emigración a las
ciudades pues todo lo tendría allí.
Este modelo se
inició y aún queda en pie una escuela de
las pocas que se llegaron a construir,
por ejemplo la de Mata de Palma en Guerra, Distrito Nacional.
Una Política de
Pleno Empleo en el Campo
¿Es posible hoy
en día? Aunque parezca difícil se pudo haber alcanzado. Digamos se pudo pues ya
hoy con la explosión demográfica que nos ubica en los 10.5 millones de
habitantes, con una composición casi a la inversa de lo que pasaba en el 1920,
se torna difícil hablar de una política de pleno empleo en el campo.
Hoy el 70% de la
población ya vive en las zonas urbanas o su periferia y la agricultura ha
dejado de ser el medio de sustento de esas grandes masas humanas que ya no
quieren que se le hable de volver al campo. Si se hubiese seguido el modelo que
hace poco más de medio siglo inició Juan Bosch e implementado las estrategias formuladas por
el Consejo Regional de Desarrollo, Inc. (CRD), para impulsar una gran
revolución social, industrial y tecnológica tendente a una eficaz promoción
humana en nuestras zonas rurales, así
como también, para motorizar el desarrollo de nuestras estructuras y fuerzas
productivas, hoy seria otra la historia.
Los Modelos
Neoliberales en el Campo
Para el Consejo
Regional de Desarrollo, Inc. (CRD) es muy preocupante las prácticas
neoliberales que se impusieron en el campo y que se han profundizado en los
gobiernos recientes.
Conforme a las
evaluaciones de campo hechas por el CRD por medio de su dirección técnica, los modelos y practicas neoliberales que se les han impuesto a los habitantes de
nuestras zonas agrícolas, han acentuando
la pobreza del campo y han empujado a los campesinos y sus familias a
tomar como única alternativa el refugiarse en los cinturones de miseria de las ciudades,
por haber las mismas contribuido a la falta de incentivo a la producción agrícola,
a la destrucción de las industrias agrarias como resulta el caso de los centrales
azucareros, al abandono de las plantaciones de café y cacao, a la sustitución
del tabaco por capas de importación de otros países, así como la eliminación
del cultivo de maní , entre otros.
Las políticas
neoliberales impusieron el modelo de Zonas Francas como la solución a la
destrucción de los principales rubros de exportación en los cuales se había
forjado la economía dominicana. Pero está probado que ningún país se ha
desarrollado en base a las Zonas Francas.
Se destruyó el CEA,
se ¨Vendieron¨ a precio vil las empresas de CORDE y se desatendió el campo a
unos niveles que la permanencia en él era un suicidio especialmente para los
jóvenes.
Las
importaciones de rubros agrícolas terminaron por completar la ruina del campo.
El campo hoy es
una fábrica de pobreza que se traslada a las periferias de las ciudades,
creando esos barrios grandes núcleos de
miserias para los cuales ya el Estado aparenta no tener solución.
El modelo que se
impuso ha servido solo para aumentar de una forma exponencial el número de
motoconchistas y jornaleros que arriesgan diariamente sus vidas en la vía
pública y la de los usuarios de ese servicio y los miles de dominicanos que han
desaparecido en el Canal de la
Mona o en el Desierto de Arizona.
¿Pero realmente
es así?
El Consejo
Regional de Desarrollo, Inc. (CRD) ante la tan gravísima problemática expuesta,
dentro del rumbo que entiende debemos
tomar para su debida solución,
nos llama a que miremos hacia Bolivia y busquemos allí la respuesta a la nuestra, nación la cual que hasta hace apenas 10 años tenia
junto a los Haitianos niveles de pobreza mucho más acentuados que República
Dominicana, el segundo más pobre de América, hoy tiene hasta satélite propio y
sus reservas en divisas han sido elevadas más de 25 veces, sin endeudarse.
¿Que pasó allí?,
simplemente llegó un Gobierno Nacional que rompió con la corrupción y las prácticas
neoliberales. Simplemente eso. Comenzó a gobernar para su país y sus gentes y
hoy ha reducido la pobreza que encontró en más de un 50% y de una población
indígena analfabeta en más de un 60%, hoy su tasa de alfabetismo es total.
¿Un milagro? No,
solo un gobierno que se empoderó y decidió romper las cadenas del
neoliberalismo, como bien lo ha venido proponiendo el CRD desde hace veinte
años, para que la
República Dominicana conquiste el desarrollo y el bienestar
integral que urgen y requieren todos los componentes de la sociedad dominicana,
sobre todo, los habitantes de nuestras zonas rurales.
Ramón
Ureña Torres es Director Cibao Central del Consejo Regional de Desarrollo, Inc.
(CRD), Ingeniero y Empresario.

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