Por Luis Aníbal Medrano S.
En la época en que vivimos la tiranía tiene otro ropaje y se presenta
con variados sombreros de acuerdo al espacio territorial en que surja y la
idiosincrasia del pueblo que mal le toque vivirla, por lo que se deprende la
definición dada en algunos textos donde se indica que para los tiempos modernos
la tiranía se identifica con un uso abusivo y cruel del poder político que se
ha usurpado, pero también se señala que entre los antiguos griegos, sin
embargo, el término no estaba tan cargado de connotaciones peyorativas y a
menudo tenía mucho que ver con la demagogia y el populismo que embriaga a los
ciudadanos y los convierte en marionetas políticas por lo que se recuerda la
famosa frase de que “Los tiranos los hacen los pueblos”.
Buenaventura Báez, Ulises Heureaux,
Ramón Cáceres, Pedro Santana, Rafael Leónidas Trujillo y Eladio Victoria, son
los irreverentes ciudadanos dominicanos que
haciendo uso de diferentes artimañas políticas y militares, con el auxilio de
naciones extranjeras, mancharon las historia de nuestra nación con acciones
descabelladas, ambiciosas por demás, que como siempre sometían a su voluntad el
desarrollo de las actividades nacionales, tocando cada uno la flauta de la
sumisión a su manera pero que al final de sus días siempre aparecieron quienes
se casaran con la gloria y lo desalojaron del poder de una manera u otra.
Algunos de esos tiranos desarrollaron acciones aparentemente progresista
pero que respondían a su estrategia populista y comercial para beneficiar sus
arcas personales o las de sus secuaces de turno que los acompañaban a la
infecunda tarea dictatorial.
Revisión y reforma de la Constitución y actualizar las
leyes que regían la administración pública, estimulación de la inmigración de
extranjeros, incrementación del apoyo a la educación, ratificar lo establecido
en el Modus Vivendi como una forma de poder pagar la deuda externa y preservar
la independencia, proposición de un sistema de votación indirecta, propuesta de
anexión del país a naciones extranjera, una amplia red de espías, informantes y policías
secretos, con el fin de prevenir rebeliones, asesinar o forzar el exilio de políticos negados
a cooperar con su gobierno, o sea, que era una mezcla de cosas buenas y malas
de acuerdo a la necesidad del momento de la dictadura.
De igual manera varios proyectos ambiciosos de
modernización del país, incluyendo la electrificación de la ciudad de Santo
Domingo, la construcción de un puente sobre el rio Ozama, el comienzo del
servicio interno de ferrocarril, entre otras gestiones gubernamentales que se
empañaron por la ambición de poder y de perpetuarse contra viento y marea.
El terror y la represión que sembraron los tiranos como formula grotesca
de mantener el control del gobierno hicieron que el pueblo dominicano se
sumergiera en una aparente sumisión pero esto no amilano a bien o mal llamado
héroes a poner fin a cada uno de esos negros momentos de la historia de nuestro
país.
Lo que si aparecieron durante esas seis dictaduras y otras que pueden
definirse como semi dictaduras, y continúan asomándose en los actuales momento
de nuestra República Dominicana, es un masoquismo arraigado, que llena de
desilusión en la búsqueda de la solución
por la vía electoral de los grandes problemas que durante décadas han retrasado
de manera contundente el desarrollo de un país rico muy mal administrado.
Los dominicanos deberíamos de pensar en las gravedad y consecuencia de
una tiranía disfrazada en pleno siglo XXI, cuando se tiene como malos ejemplos
situaciones que se ha desarrollado en países hermanos que sufren los embates de
crisis provocadas por gobernantes que han pasado de peones de grupo económico y
muñecos de vitrina de hacedores de presidentes, a creerse rey o príncipe.
Definitivamente, la gloria dominicana requiere de un nuevo esposo para
que le reivindique y la ponga a tono con la necesidades de los nuevos tiempos y
se tenga un país donde se posea un sistema eléctrico que no sea negocio de
comisión para los gobernantes de turno, que la educación no sea plataforma para
la reelección, donde la seguridad ciudadana sea garantizada por policías y
militares que no pertenezcan a bandas de malhechores ni sean miembros del
sicariato, donde los jóvenes no se vean
impulsados a delinquir por la falta de oportunidades laborales, donde la
especulación no sea apadrinada por el oficialismo, donde las obras
gubernamentales sean construidas con criterio de permanencia y no de
enriquecimiento rápido.
Como no han prohibido soñar, podemos hacerlo con la eliminación de la gran mayoría de los males que nos
afectan y solo queda decir, que San Ramón saque con bien a la Patria en su parto
de mayo del 2016.
Luis Anibal Medrano S., comunicador, político y auténtico municipalista.
Director de elgloboindependiente.com

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Esperamos que su comentario contribuya al desarrollo de los gobiernos locales .