Luis Aníbal Medrano S.
Comunicador
Muchos años de lucha con triunfos y fracasos han acontecidos en la
municipalidad dominicana a través de sus últimos veintes años, pero la balanza
de la historia se inclina hacia el lado de los fracasos por el manejo truculento
de los que se han beneficiado sustancialmente de una lucha que ha podido ser mejor
dirigida y no como elemento de obtención de pingues beneficios de manera
directa e indirecta, muchas veces bajo el mecanismo de chantaje.
Si se hace un recuento de quien ha planificado, dirigido, ejecutado y
detenido los momentos de lucha durante los últimos catorce años, puede surgir
una legitima sospecha de que esa lucha no ha sido más que un mamotreto urdido
por quien se abrogó el derecho de ser el comandante de la tropa municipal a la
que ha llevado siempre a reiterados
Waterloo con premeditación y alevosía, lo que se pone en clara evidencia
por la ausencia de logros reales.
Beneficios colaterales es lo que ha dejado los años de lucha y lo que
pudo haberse traducido en victorias para los gobiernos locales y sus efectos
directos en mejor calidad de vida a los ciudadanos mediantes la realización de
obras y servicios por los recursos que por ley le corresponde y que todos los
gobiernos le han negado, sus reveses tienen sus orígenes en dos razones
desveladas: 1) Por la negociaciones encubiertas de los autos proclamados
generales y 2) Por la desconfianza gubernamental.
Nuestros progenitores siempre han dicho que al que habla mentira la boca
se le pone “jobera”, y eso le pasará a los dos titulares que se resisten a
descontinuar su incursión en el asociativismo municipal, porque le han mentido
a sus asociados, a sus súbditos y al pueblo dominicano que es quien paga los
impuestos, le han mentido porque han sido desnudados en sus malsanas
intenciones que radica en un pugilato desmesurado, simple y llanamente.
De igual manera se le debe recordar a esos dos “camajanes”, que Dios
castiga a los simuladores que cometen el pecado de usar su santo nombre para
propósitos que no son puro, que desbordan la prudencia y el sano juicio cuando
invocan su nombre resultando ser ellos más que burdas imitaciones de Jack Veneno y
Vampiro Cao, versión municipal, en detrimento de la hasta fecha reciente,
convivencia gremial.
A quien habla de moral y no la práctica se le puede denominar como una
personalidad de doble, triple y hasta cuádruple vida, de acuerdo al momento y
modo de actuar para desarrollar su papel de mentiroso empedernido que solo
buscar satisfacer sus apetencias personales y alimentar su gloria, en esta ocasión
a costa de desarrollo municipal que es por lo que supuestamente se ha luchado
sin logros satisfactorios.
A raíz de la suspensión de la Asamblea Eleccionaria de la Federación
Dominicana de Municipios del pasado 18 de noviembre, surge por gravedad del
destino la oportunidad de oro de la municipalidad dominicana para deprenderse
de los que han querido apropiarse del instrumento que bien usado podría
contribuir al despegue definitivo hacia el desarrollo de los ayuntamientos que
redundaría en el desarrollo nacional.
El asociativismo municipal está repleto de alcaldes, alcaldesas,
directores y directoras de distritos municipales, regidores, regidoras y
vocales con muchas condiciones morales, laboriosos, con espíritu altruista,
dedicado al sacerdocio que se asume cuando se llega a una de esas posiciones,
lógico que toda regla tiene sus excepciones y aparecen uno que otro que mal
interpretan su papel y se desvían de la razón ser de sus funciones.
Pero la inmensa mayoría de esos funcionarios municipales especificados
anteriormente, deben imponer su autoridad moral y hacer lograr que las diversas
entidades municipales se enrumben por el mejor de los caminos sin gladiadores
económicos que en nada les beneficia como instituciones.
Somos de opinión que el Partido de la Liberación Dominicana con su
mayoría en el mundo municipal dominicano debería contemplar la posibilidad de
sugerir una nueva opción para la dirección ejecutiva de Fedomu, una opción que
descarte los propuestos en la abortada asamblea, una opción que sea garantía de
no contaminación pasada, presente o futura con los
contrincantes desenmascarados
Indudablemente, y sin temor a equivocación, la municipalidad municipal
está ante una gran encrucijada, seguir bajo el yugo de las apetencias
personales o caminar con pasos sinceros para lograr la confianza plena de la
ciudadanía para que cambie su percepción de ella y al fin pueda obtener lo que
se le ha negado, tal vez, con muchas razones.

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