Por Daniel García Archibald
SANTO DOMINGO. - A seis años de ocupar la Presidencia de la República,
Luis Abinader sigue gozando de la aprobación ciudadana por encima del 50 por
ciento, según las encuestas publicadas en las últimas semanas.
Contrario a lo que tradicionalmente ocurre con los gobernantes, que
luego de dos o tres años al frente de la cosa pública tienden a descender, con
Abinader no ha sido así. Mantiene el mismo rango de simpatía popular.
Más aún, el famoso desgaste que afecta a los mandatarios después de un
primer período gubernamental no se ha hecho sentir en la figura del actual
mandatario, quien se reeligió por cuatro años superando el 50 por ciento.
Tampoco ha sido afectado, salvo de manera momentánea, por los factores
externos que han golpeado su Gobierno, ni por las pocas medidas tomadas para
amortiguar dificultades.
Ni los errores cometidos por algunos de sus funcionarios, ni los pocos
escándalos generados, ni la inacción de otros han dañado su imagen.
No todos los presidentes en una región como América Latina logran
mantener su aprobación en un 50 por ciento o más, como es el caso de Abinader.
El mandatario dominicano se ha mantenido, prácticamente durante toda su
gestión, sin bajar de ese porcentaje, compartiendo buenos niveles de
popularidad con presidentes como Nayib Bukele, de El Salvador y Claudia
Sheinbaum, de México, entre otros.
En una medición entre presidentes de Latinoamérica, CB Consultora le
otorga un 50.8 por ciento de aprobación, mientras que AtlasIntel un 56 por
ciento.
En el país, las últimas encuestas publicadas como ACD Media otorgan un
nivel de aprobación para Abinader de 51.3% y RD Elige de 50.3%. Otras que no se
hacen públicas rondan ese mismo porcentaje.
En conversaciones con otros mandatarios de la región, con los cuales
coincide en cumbres y eventos internacionales, sale a relucir el tema de la
aceptación positiva del presidente dominicano después de la pandemia, la guerra
de Ucrania, la crisis de Irán, los precios del petróleo, la inflación global y
el desgaste natural del poder.
La pregunta de cómo ha logrado mantenerse prácticamente intocable, sin
que le afecte su popularidad, también se la hacen sus contrarios que en
ocasiones han sido críticos despiadados.
Son muchos los factores que le favorecen: no tiene miedo, va de frente,
no evade responsabilidades, escucha, se expone y no se esconde. A diferencia de
otros presidentes que se blindan, Abinader da la cara por su gobierno y hasta
por instituciones con problemas. Se expone en LA Semanal, en la calle, en Nueva
York, en la ONU. Esa exposición normalmente desgasta, pero en su caso no, lo
protege.
Lo negativo no se le pega. Aunque hay temas pendientes como costo de la
vida, seguridad y apagones, las cosas negativas no afectan su popularidad
personal. La gente separa al presidente de los errores. No lo ven como parte
del problema, lo ven como el que intenta resolverlo. Incluso lo valoran por
encima de la gestión del gobierno.
La población lo valora como serio, honesto, sincero, cercano y humano,
no como el político tradicional. Esos atributos son los que sostienen la
aprobación cuando los números económicos aprietan. La honestidad pesa más que
la coyuntura.
Lo más contundente es que Abinader mantiene aprobación por encima de
todos los líderes del país. Todos. Gobierno y oposición.
Los demás líderes, incluyendo los presidenciables de su propio partido y
los de la oposición, tienen tasa de rechazo más alta que él. Algunos con
rechazo de 40 y 50 por ciento, mientras el de Abinader sigue siendo de los más
bajos del sistema.
Hacia adentro, el mensaje es contundente: todos los funcionarios están
por debajo del presidente en valoración. Ninguno lo supera.
No hay un heredero natural que tenga su nivel de aceptación, lo cual
significa que el perremeísta que quiera ser presidente de la República tendrá
que contar con Luis.
El PRM tiene figuras, pero todas miden por debajo del líder.
A seis años, Abinader no sólo gobierna con buena aceptación, sino que es
el político mejor valorado del país y eso, en un sistema donde el desgaste es
la norma, es el principal capital del país para lo que viene.
Claro está, a Abinader le quedan casi dos años de Gobierno, los factores
externos seguirán gravitando sobre el escenario y es muy posible que deba
adoptar medidas no complacientes que en el futuro pudieran comenzar a afectar
su popularidad.


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