Por Luis Orlando Díaz Vólquez
La aparición del director general de
Aduanas, Nelson Arroyo, en la entrevista central del programa “Hoy Mismo” de
Color Visión este martes 27 de enero de 2026 se convirtió en su primer gran
test mediático tras su designación a inicios de mes. El dispositivo
comunicacional del espacio —referente del horario matutino dominicano— sirvió
para ordenar los mensajes clave de su narrativa inicial: continuidad
institucional “sin sobresaltos”, prioridad en el aumento de las recaudaciones
con equilibrio presupuestario y una facilitación del comercio que preserve la
competitividad. El encuadre del propio video en YouTube, titulado con la frase
“Siempre te montan una campaña negativa para desacreditarte”, aportó además un
tono de autodefensa que explicitó la consciencia del funcionario sobre el
ambiente de opinión que acompaña a todo relevo en áreas sensibles del Estado.
El contexto de la entrevista es
fundamental para interpretar su alcance. “Hoy Mismo”, por la plataforma de
Color Visión (canal 9), suele funcionar como caja de resonancia para agendas
gubernamentales y debates de coyuntura, con distribución simultánea en la señal
abierta y en sus canales digitales. Esa doble circulación —televisión y
streaming— no es trivial para un incumbente que llega a una entidad que toca el
día a día de importadores, exportadores, zonas francas y consumidores finales.
Al elegir este escenario, Arroyo se aseguró una audiencia mixta: decisores
públicos y privados, periodistas de seguimiento y segmentos ciudadanos que
moldean conversación en redes. La disponibilidad del segmento en el canal
oficial de Color Visión ancla la pieza en un ecosistema verificable y de amplio
alcance.
La temporalidad de la aparición hay que
leerla a la luz de su reciente juramentación. El 8 de enero de 2026, el
gobierno oficializó su nombramiento mediante el Decreto 3‑26, y desde ese mismo
acto Arroyo enunció un triángulo de prioridades: contribuir al equilibrio
presupuestario, aumentar recaudaciones y facilitar aún más el comercio
exterior, todo con una transición “consensuada” para evitar traumas en la
institución. El paso por “Hoy Mismo” no inauguró, por tanto, un discurso
novedoso: lo consolidó en un formato con mayor exposición ciudadana y capacidad
de réplica. La correlación entre lo prometido al asumir y lo reiterado en TV
subraya un intento deliberado de continuidad retórica e institucional.
En el plano del framing comunicacional, la
elección de titular el video con la frase “Siempre te montan una campaña
negativa para desacreditarte” funciona como una defensa preventiva frente a
críticas previsibles al arranque de gestión. Con esa enunciación, el director
coloca en primer plano la disputa por la reputación, un campo decisivo cuando
se dirige una autoridad de frontera que, por definición, se ubica en la
intersección entre recaudación, control, comercio y opinión pública. El
enunciado, al estar fijado en el título de la pieza alojada en el canal de
Color Visión, guía la lectura del contenido y condiciona la recepción del
espectador, algo típico en la comunicación política-institucional contemporánea
donde el metamensaje es tan relevante como el detalle técnico.
El segundo gran vector del mensaje fue la
idea de transición sin sobresaltos. Arroyo ya había prometido hacer las cosas
“consensuadas” con su antecesor, Eduardo “Yayo” Sanz Lovatón, con el objetivo
declarado de que la mudanza administrativa no altere procesos críticos para el
comercio ni genere incertidumbre entre los colaboradores y usuarios de la DGA.
En la entrevista, esa noción se reafirma en clave de gobernanza: más que un
giro brusco, el nuevo titular quiere proyectar continuidad con ajustes, sosteniendo
la curva de aprendizaje institucional acumulada en los últimos años. La
insistencia en “no quiero ningún tipo de sobresaltos” —expresada en su
juramentación— se recontextualiza ahora ante una audiencia generalista,
expandiendo el alcance del compromiso.
En materia fiscal, el énfasis en
recaudaciones y equilibrio presupuestario blinda discursivamente a Aduanas
dentro de la arquitectura macroeconómica del Ejecutivo. No es un acento menor:
en coyunturas de desaceleración externa y tensiones presupuestarias, todo
incremento de ingresos por la vía aduanera se convierte en palanca de
estabilización. La reiteración de ese objetivo en “Hoy Mismo” sincroniza la DGA
con la narrativa gubernamental de orden fiscal, a la vez que envía una señal a
los mercados y a las áreas económicas del Estado sobre el rol de Aduanas como
pilar de ingresos no tributarios directos del contribuyente interno, sino
asociados al comercio exterior.
Para valorar el alcance de esa promesa,
conviene mirar la línea base reciente. Reportes de prensa consignan que en 2025
la recaudación aduanera superó a la de 2024 en RD$11,300 millones, dato que
dibuja una pendiente positiva y establece un punto de partida exigente para
2026. Elevar esa cifra implicará no solo eficiencia de cobro y control de
subvaluación o fraude, sino también crecimiento del flujo comercial en un
entorno internacional todavía incierto. El énfasis recaudador, por tanto, debe
calibrarse frente a la elasticidad del comercio y a la necesidad de no
ralentizar procesos de despacho, un dilema clásico de autoridades de frontera.
La facilitación del comercio, tercer pilar
del discurso, fue presentada no como concesión, sino como condición para
sostener la competitividad del país. Desde el acto de juramentación se destacó
la intención de simplificar aún más los procesos de exportación e importación,
un vector que la entrevista pone en circulación masiva. En términos de política
pública, esto suele traducirse en integración de sistemas, analítica de riesgo,
ventanillas únicas robustas y coordinación interagencial. La convergencia de
ese objetivo con la promesa de más recaudación obliga a afinar mecanismos que
no penalicen a los cumplidores, mientras endurecen la supervisión del
incumplimiento, el contrabando o la subvaluación.
El perfil del nuevo incumbente ayuda a
entender el tipo de gestión que sugiere el discurso. Arroyo llega con
experiencia regulatoria y de modernización institucional por su paso por el
INDOTEL (2020–2024) y por la vicepresidencia en Seguros Reservas, además de una
trayectoria parlamentaria prolongada. Esa combinación —regulación, finanzas,
derecho y política— suele ser útil cuando se administran ecuaciones delicadas
como control‑facilitación‑ingresos. En la entrevista, la apelación constante al
“interés del país” enmarca esa experiencia en un horizonte de Estado,
pretendiendo trascender las dinámicas partidarias.
Más allá del funcionario, la institución
que dirige explica por sí misma el cuidado del mensaje. La Dirección General de
Aduanas, dependiente del Ministerio de Hacienda y Economía, es la autoridad
nacional de frontera y, por tanto, su responsabilidad excede la caja
recaudadora: involucra salud pública, seguridad del Estado, trazabilidad y
estándares internacionales. Un error o un bloqueo en Aduanas repercute en
precios, abastecimiento, cadenas de valor y en la reputación país como
plataforma logística. Esa centralidad obliga a que toda comunicación inicial
privilegie la estabilidad operativa, y la entrevista la reafirma como un activo
en sí mismo.
Entre los retos operativos permanentes se
cuentan la lucha contra ilícitos y la competencia desleal, focos que han
ameritado medidas específicas en la agenda reciente de la DGA. El propio portal
institucional registra acciones contra segmentos del comercio ilícito que
impactan a industriales y comerciantes formales. Si bien en la entrevista
reseñada no se detallaron planes tácticos pormenorizados, la expectativa
razonable es que la nueva gestión fortalezca inteligencia de riesgo,
interoperabilidad de sistemas y cooperación con otras agencias. Ese es el marco
donde la promesa de más recaudación y mayor facilitación encuentra su prueba de
realidad.
Un registro interesante del paso por “Hoy
Mismo” es la economía del anuncio. No hubo, en la pieza disponible, un catálogo
de nuevas medidas ni anuncios disruptivos; más bien se trató de ordenar
prioridades, fijar tono y marcar territorio discursivo a corto plazo. En
términos de comunicación gubernamental, es una estrategia prudente: el primer
objetivo no es saturar de promesas, sino asegurar comprensión y adhesión mínima
a la agenda base, generando tiempo político para trabajar en los detalles. El
título del video, que tensiona con la noción de “campaña negativa”, ayuda
también a cohesionar apoyos propios frente a inercias críticas.
Desde una perspectiva de evaluación
pública, la asignatura pendiente es la explicitación de indicadores y metas
cuantificables. El énfasis en recaudación y facilitación es correcto, pero su
valoración exige conocer parámetros como metas trimestrales de ingresos,
tiempos medianos de levante, porcentajes de despacho anticipado, cobertura de
canalización por riesgo o expansión de programas de operadores económicos
autorizados. La entrevista no ofreció ese detalle, coherente con su carácter de
posicionamiento, pero la gobernanza por resultados demanda que pronto se haga
visible un tablero de control verificable.
Otro elemento a observar es la relación
con el legado de la administración saliente y la coordinación con el nuevo
Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes, ahora encabezado por Eduardo
“Yayo” Sanz Lovatón. La transición “consensuada” sugerida por Arroyo supone una
transferencia no solo de responsabilidades, sino de aprendizajes y proyectos en
curso que cruzan Aduanas y política industrial‑comercial. El discurso de
continuidad, si se convierte en prácticas de colaboración interinstitucional,
puede evitar duplicidades, mejorar la trazabilidad de procesos y favorecer la
interlocución con el sector privado.
El entorno 2026 presiona para que las
promesas no se queden en el plano declarativo. Editoriales recientes subrayan
que la economía dominicana navega un ciclo internacional complejo y que
Aduanas, como puerta de entrada de insumos y como centro de recaudación, es
pieza crítica de la estabilidad. En ese marco, el “equilibrio presupuestario”
invocado por Arroyo en su juramentación y revalidado en pantalla adquiere una
dimensión sistémica: no se trata solo de cifras al cierre de caja, sino de
sostener el clima de confianza que el país proyecta a inversionistas y socios
comerciales.
También conviene destacar el registro
ciudadano. La elección de un programa con alta penetración, disponible en vivo
y con repositorio digital accesible, contribuye a la transparencia
comunicacional: permite que periodistas, actores del comercio y la ciudadanía
revisen la pieza, comparen en el tiempo y exijan coherencia entre lo dicho y lo
hecho. En democracias con ecosistema mediático denso, ese rastro audiovisual
opera como un mecanismo informal de rendición de cuentas, algo valioso para
áreas técnicas con impacto directo en precios, tiempos de entrega y oferta de
bienes.
La construcción de confianza con el sector
privado será decisiva. Si el aumento de recaudación proviene principalmente de
mejor control y reducción de brechas de cumplimiento, entonces la facilitación
al cumplidor, la certidumbre normativa y la estandarización de criterios en
ventanillas presenciales y virtuales son claves de aceptación. El discurso de
Arroyo, al apoyarse en la continuidad y en el interés nacional, deja espacio
para esa convergencia público-privada, pero su prueba serán los tiempos de
respuesta y la consistencia de criterios a nivel operativo. El propio registro
oficial de su juramentación y de notas de prensa en medios de referencia
muestra que ese es el pacto ofrecido a inicios de año.
En paralelo, la gestión de reputación
—aludida explícitamente por el título del video— anticipa una administración
atenta a la batalla del relato. En instituciones con alto voltaje mediático, el
ruido puede traducirse en costo de transacción para el usuario y en desgaste
interno para los equipos. Visualizar esa tensión desde el inicio tiene un lado
útil: autorreconocer el campo adverso donde se gestionará lo público. El lado
riesgoso es que el énfasis defensivo opaque, en ocasiones, la comunicación de
resultados técnicos. La salida saludable es desplazar el debate hacia datos y
metas, precisamente el terreno donde la DGA tiene ventajas si acelera su
tablero de indicadores.
La memoria institucional reciente aporta
otra capa. Diversos medios y la comunicación oficial han insistido en la
necesidad de equilibrio entre recaudación y fluidez, no como consignas
enfrentadas, sino como componentes de una misma política de competitividad. Que
Arroyo repita esta visión en televisión sugiere que no habrá “bandazos”
regulatorios ni rupturas improvisadas, una señal tranquilizadora para
operadores logísticos, couriers, zonas francas y grandes importadores. La
clave, una vez más, será convertir esa narrativa en procedimientos, métricas y
reportes periódicos.
Queda abierta, finalmente, la expectativa
sobre nuevos instrumentos. Dado que la entrevista no profundizó en medidas
específicas, habrá atención sobre posibles ajustes a matrices de riesgo,
interoperabilidad con ventanillas únicas y aduanas vecinas, mejoras de
analítica y trazabilidad, y consolidación de programas como el OEA. Aunque la
conversación televisiva no los detalló, son áreas donde la DGA ha acreditado
avances en años recientes y donde la nueva administración podría cosechar
retornos rápidos si prioriza continuidad técnica. La referencia institucional
del portal de Aduanas —que subraya su rol más allá de la recaudación— enmarca
esa agenda posible.
La reseña de lo visto en “Hoy Mismo”
permite, pues, una valoración equilibrada. Como pieza de posicionamiento, la
entrevista funcionó: revalidó los tres pilares ya expuestos en la
juramentación, aseguró una narrativa de estabilidad y puso sobre la mesa la
dimensión reputacional del cargo. Como hoja de ruta operativa, dejó
interrogantes razonables que deberán despejarse con calendarios, métricas y
resultados tempranos. En una institución bisagra para el modelo económico
dominicano, el éxito no se medirá solo por cuánto se recauda, sino por cómo se
recauda: con reglas claras, tiempos previsibles y un ecosistema de cumplimiento
que premie al formal y sancione con eficacia al incumplidor. Lo que la
entrevista ofreció fue el marco; lo que viene ahora, si la gestión cumple su
promesa de continuidad sin sobresaltos, será el método y la medición.

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