Por Freddy González
En política se considera un outsider a una
persona que no tiene experiencia política, que no milita en ninguna
organización y tampoco le interesa ser parte de ninguna. Pretende lanzar una
candidatura de elección popular en base al éxito real o supuesto alcanzado por
la actividad que realiza, bajo la creencia de que eso por sí sólo es garantía
de triunfo.
Pueden venir de cualquier segmento social,
económico, profesional, artístico; sobre todo de los llamados influencers.
Critican con acidez deficiencias en las políticas
públicas de los gobiernos y han sabido montarse en la ola de la inconformidad
social para ganar adeptos y simpatías.
En algunos países de América y en Europa
donde el sistema de partido está muy resquebrajado, han surgido outsider sin un
historial político y una militancia reconocida que han lanzado candidatura,
resultando exitosa.
Tal es caso de Javier Milei en Argentina y
recientemente Abelardo de la Espriella en Colombia, igual es, el caso Volodímir
Zelenski, en Ucrania que, de un mal cómico, pasó a la presidencia del país en
el Este Europeo.
Pero ese no es el caso de Nayib Bukele,
que militó en el Frente Farabundo Martí, para la Liberación Nacional (FMLN) y
fue alcalde de Nuevo Cuscatlán y de San Salvador, capital de ese país.
Tampoco lo es el de Gustavo Petro; que fue
dirigente del M-19; uno de los grupos insurgentes de ese país, senador de la
república por el Polo Democrático Alternativo y Alcalde de Bogotá.
Ni el de Keiko Fujimori; líder del Partido
Fuerza Popular y heredera política de su padre el expresidente Alberto
Fujimori.
En muchos casos, el surgimiento de esos
personajes han sido producto del descrédito de nuestras organizaciones
políticas, que cada vez, se distancian de sus orígenes, de sus discursos, de
sus prédicas sociales y de sus promesas electorales; aumentado el descontento,
la protesta social y ensanchando la franja de indecisos y de independientes.
En nuestro país, es cierto que tenemos un sistema
de partido gravemente herido, en cuidado intensivo y en condiciones agónica,
producto del incumpliendo de sus promesas de campaña, del abandono de los
principios políticos e ideológicos que sustentaban, de su accionar apegado a la
ética moral y a la inconducta de parte de su cúpula, de hacer del erario
público parte de su patrimonio particular.
Pero nuestro sistema de partido, aunque
maltrecho aún respira, lucha por sobrevivir, y nos guste o no, conserva fuerza
para seguir imponiendo su voluntad, como lo demostraron cuando se coaligaron de
todos los colores, tendencias y creencias para darle el tiro de gracia a las
llamadas candidaturas independientes, con las que algunos outsider, influencer
y ciudadanos autoproclamados independientes pretendían rivalizar con ellos en
las candidaturas de elección popular.
La eliminación de la ley 20/23 sobre
Régimen Orgánico Electoral, de los artículos: 156, 157 y 158, que establecían
las candidaturas independientes, y los requisitos para la mismas, declarados no
acorde con nuestro ordenamiento jurídico por el Tribunal Constitucional (TC),
es un triunfo del sistema de partidos.
La ley 13/26 que modificó la ley 20/23
sobre el Régimen Electoral, dejó establecido que sólo a través de las
organizaciones políticas reconocidas y regidas por la ley 33/18 sobre partidos,
agrupaciones y movimientos se pueden presentar candidaturas en los diferentes
niveles, ajustada a lo que establezcan las leyes que rigen la materia y los
estatutos de esas organizaciones.
La aprobación de la Ley 13/26 blindó el
sistema de partido en el país, colocando un valladar difícil de saltar para que
los llamados outsiders pudieran colocarse, a través de las llamadas
candidaturas independientes.
Claro que esto en nada impide que los
llamados influencers, los empresarios, y cualquier autodenominado independiente
o líder comunitario puedan estar en las boletas de las organizaciones políticas
existente y hasta ganar una curul.
El principal problema que tienen esos
personajes; es que la cúpula de nuestras organizaciones políticas también se ha
blindado, incluyendo en sus estatutos disposiciones de tiempo de militancia
para poder aspirar a los cargos de elección popular y estableciendo los métodos
de escogencia de sus candidatos en sus convenciones internas.
En las tres principales agrupaciones
políticas del país, (PRM, FP y PLD), cualquier influencer o ciudadano
independiente que ellos entiendan que beneficia su boleta electoral podrán ser
incluidos en la misma; en base a la reserva de un 20% que la Ley 33/18 otorga a
los partidos para las alianzas y como cuota, para sus dirigentes sin pasar por
los procesos convencionales.
Naturalmente que son candidaturas
fundamentalmente plurinominales (Diputados, regidores y vocales), sin descartar
que algunos lugares específicos dado el liderazgo local de un influencer o
líder local sea muy fuerte y atractivo para el electorado se puedan ceder
algunas uninominales (senadores, alcaldes y directores municipales), pero nunca
está en juego la candidatura presidencial.
En las organizaciones incorrectamente
denominadas minoristas o emergente del sistema, la situación es totalmente
diferente, pues las mismas tienen como meta principal alcanzar una cantidad de
votos que lo lleven a superar la barrera del, 5% que establece la ley 33/18,
para ser considerado mayoritario y disfrutar de los beneficios del 80% de los
fondos; que el Estado eroga para las organizaciones políticas, por lo cual
buscaban llevar en su boleta amparados en la reserva del 20 % a todo ciudadano,
outsider o no que ellos entiendan le pueden sumar votos ganen o no las curules
a que fueron nominados.
En el país, el sistema de partido está
debilitado pero conserva mucha influencia entre sus adeptos, y aunque es
verdad, que el clientelismo sustituyó en gran medida la ética y la moral que
exhibían nuestras organizaciones en años atrás y hoy solo éstas se diferencian
por los colores y por los símbolos pero que es innegable, que siguen teniendo
una militancia cautiva; muchas veces, rayando en el fanatismo, que al final
destroza el espejismo que crean los medios y derrumba falsos ídolos populares,
construidos como los castillos de arenas; que sin ninguna base sostenible
terminan llevándoselos, el viento.
Tal y como está estructurado el sistema de
partido amparado en las leyes 33/18 y la 20/23 y sus modificaciones; las
posibilidades de que un outsider o influencer pueda capitalizar el descrédito
en que se encuentran nuestras organizaciones políticas y el descontento
popular, pueda alcanzar el poder en el país, es una posibilidad extremadamente
remonta, por no decir imposible.
Porque nos guste o no, todavía el sistema
de partido del país es una realidad en nuestro país, lo otro es sueño y los
sueños, sueños son.



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