El denominado «chantaje mediático» o
«sicariato de la información» se ha consolidado en la República Dominicana como
un esquema paralelo y altamente lucrativo que desvirtúa el ejercicio
periodístico tradicional. Esta práctica, operada tanto por comunicadores
empíricos como por plataformas digitales y generadores de contenido, utiliza la
difamación y la presión pública organizada para extorsionar a empresarios,
funcionarios públicos y figuras políticas a cambio de beneficios económicos,
contratos o pautas publicitarias.
Mecánica de la «Empresa del Chantaje»
Diversos líderes de opinión y analistas
locales coinciden en que este fenómeno funciona bajo una estructura corporativa
de la extorsión:
• Fabricación de campañas: Se estructuran
falsas acusaciones, rumores o ataques morales sistemáticos contra la reputación
de una persona o institución.
• La oferta de contención: Tras iniciar el
asedio digital o radiofónico, los operadores presentan propuestas económicas o
contratos de asesoría/publicidad como la única vía para detener los ataques
públicos.
• Usurpación de funciones: El auge de las
redes sociales y programas de panel independientes ha facilitado que actores
sin formación ética ni credenciales profesionales («influencers» o
comunicadores denominados popularmente como Pica Pica) asuman roles periodísticos
para presionar de forma ilegítima.
Impacto en la sociedad y la democracia
Los principales diarios y gremios del país
señalan que este ecosistema afecta múltiples aristas del orden nacional:
1. Inseguridad jurídica y económica:
Sectores productivos clave, como el desarrollo hotelero e inmobiliario en polos
turísticos (por ejemplo, la zona de Punta Cana-Bávaro), sufren persecuciones
mediáticas destinadas a frenar inversiones si no se cede ante extorsiones.
2. Erosión de la credibilidad: Al utilizar
los micrófonos y los algoritmos de visualización como herramientas de
negociación privada, se desgasta la confianza de la ciudadanía en los medios de
comunicación legítimos que sí realizan fiscalización social fundamentada en
hechos probados.
3. Daño reputacional permanente: Aunque
las tendencias en redes sociales son pasajeras, las campañas de descrédito
causan perjuicios prolongados a la honra de individuos y empresas.
Organismos de prensa y analistas jurídicos
insisten en que combatir este modelo de negocios no requiere censura ni el
silenciamiento de voces disidentes, sino la aplicación estricta de la
institucionalidad y el marco legal vigente en materia de difamación, injuria y
delitos de alta tecnología, garantizando un debate público basado en la
veracidad y la responsabilidad penal del emisor.
Para combatir eficazmente el periodismo de
chantaje y el "sicariato mediático" en la República Dominicana, los
expertos y gremios coinciden en que no existe una solución única. El mecanismo
ideal requiere una estrategia integral y coordinada que combine reformas
legales, asfixia financiera, autorregulación y educación ciudadana.
A continuación, se detallan las acciones
clave que componen este frente de combate:
1. Marco legal y sanción judicial efectiva
El pilar judicial es el más urgente para
acabar con la impunidad de los extorsionadores.
• Modernización de la Ley 6132: Modificar
la Ley de Expresión y Difusión del Pensamiento para adaptarla a la era digital,
tipificando claramente el uso de plataformas web y redes sociales como
agravantes en delitos de difamación con fines extorsivos.
• Aplicación rigurosa del Código Penal:
Perseguir el chantaje no solo como un delito de prensa, sino como un delito
penal de extorsión y asociación de malhechores, lo que conlleva penas de
prisión y no solo multas económicas.
• Fiscalías especializadas: Crear unidades
en el Ministerio Público dedicadas exclusivamente a Delitos de Alta Tecnología
(DICAT) con capacidad técnica para rastrear campañas de descrédito coordinadas
(redes de bots y cuentas falsas).
2. "Asfixia financiera" por
parte del sector público y privado
El chantaje prospera porque genera dinero.
Cortar el flujo de recursos de estas plataformas es el mecanismo más rápido
para desmantelarlas.
• Depuración de la pauta estatal: El
Gobierno dominicano debe aplicar criterios estrictos de idoneidad, alcance real
y ética profesional al asignar publicidad oficial, vetando a programas
dedicados a la difamación.
• Políticas corporativas éticas: Las
empresas privadas deben comprometerse a no ceder al chantaje. Pagar por el
silencio financia futuros ataques. El sector empresarial debe canalizar sus
denuncias por la vía legal y retirar publicidad de medios que utilicen malas
prácticas.
3. Fortalecimiento gremial y colegiación
Las organizaciones que agrupan a los
profesionales de la comunicación juegan un rol de arbitraje y depuración.
• Tribunales disciplinarios activos: El
Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) y el Sindicato Nacional de Trabajadores
de la Prensa (SNTP) deben aplicar sanciones públicas, suspensiones y
expulsiones a miembros que violen el código de ética.
• Certificación y deslinde: Crear
mecanismos públicos de verificación para que la ciudadanía y los anunciantes
puedan distinguir entre un periodista profesional o medio legítimo y un
"enganchado" digital o extorsionador.
4. Educación y responsabilidad de las
audiencias
El público general alimenta el negocio al
consumir y replicar el contenido sensacionalista.
• Alfabetización mediática: Fomentar en la
ciudadanía la capacidad de verificar fuentes y dudar de informaciones
escandalosas sin sustento.
• Cultura de la denuncia en redes:
Incentivar el reporte masivo y la denuncia en plataformas como YouTube,
Facebook o X de aquellas cuentas que violen las políticas comunitarias de
acoso, difamación y extorsión, logrando la desmonetización o el cierre de sus
canales.
Para combatir eficazmente el periodismo de
chantaje en la República Dominicana sin caer en la censura previa o el
silenciamiento de la prensa libre, el consenso de juristas, gremios de prensa y
expertos apunta a un mecanismo integral basado en la reforma legal civil, la
persecución penal de la extorsión digital y la asfixia financiera de los
extorsionadores.
El equilibrio óptimo consiste en
diferenciar jurídicamente la legítima crítica periodística (que debe estar
protegida) de la extorsión pura y dura camuflada de información.
1. Despenalización de los delitos de
opinión y fortalecimiento de la vía civil
La legislación tradicional dominicana (la
obsoleta Ley 61-32 de 1962) contempla penas de prisión para la difamación, lo
que suele ser usado por el poder para intimidar a periodistas serios. La
Sociedad Dominicana de Diarios (SDD) y juristas proponen cambiar el enfoque:
• Eliminar la cárcel para la difamación
ordinaria: Evita que se creen «leyes mordaza» que limiten el debate público.
• Establecer sanciones civiles severas y
proporcionales: El mecanismo idóneo es el castigo económico. Indemnizaciones
multimillonarias indexadas al daño reputacional real provocado a empresas o
individuos desincentivan el negocio del chantaje, volviéndolo financieramente
inviable.
2. Tipificación precisa del «Chantaje
Extorsivo» en el Código Penal
Para frenar a los extorsionadores
mediáticos, instituciones como la Fundación Institucionalidad y Justicia
(Finjus) han señalado que el mecanismo penal debe enfocarse estrictamente en la
coacción.
• El detonante económico: No se debe
penalizar la publicación de una denuncia o rumor, sino el acto de solicitar
dinero, contratos o pautas publicitarias a cambio de retirar o no publicar
dicha información.
• Si se demuestra el flujo o la solicitud
de un beneficio económico bajo amenaza de difusión, el acto deja de ser un
delito de prensa y se convierte en un delito ordinario de extorsión (con penas
severas, como las contempladas en las reformas del Código Penal).
El autor es periodista,
municipalista y político.
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